Palizada, entre palo de tinte y agua
Kristian Antonio Cerino/ Juan de Jesús López
Palizada, Campeche.
Vista desde arriba, la Ciudad de Palizada, municipio de Campeche, tiene un color que va del rojizo pardo al verduzco. Los tonos ocres se lo otorgan los techos de tejas francesas del caserío que rodea la iglesia y el parque principal. El espejeo del río que le da nombre y las múltiples lagunas conectadas por estrechos canales le aportan el patinado de oxido de cobre.
Rodean al caserío las construcciones modernas que se levantan desordenadas. Hacia fuera la planicie con manchones de selva y huertos de mango manila, los pastizales con un verde parejito donde pasta el ganado. A un costado el malecón y puerto fluvial con cayucos, lanchas de motores fuera de borda, y el barco San Cristóbal, manso y expectante. Lo demás es agua y más agua.
El pasado 16 de agosto la Ciudad de Palizada cumplió su 211 Aniversario fundacional. Su aspecto no es distante al que tenían las primeras casas cuando don Pedro Dufau Maldonado inauguró el pueblo San Joaquín de la Palizada en atención a la solicitud que le hicieron los ribereños. Eran setenta y seis familias que estaban a mitad del camino que llevaba al presidio de la Isla del Carmen.
Los paliceños no son ajenos a las novedades de las grandes ciudades, tampoco es un lugar edénico, pero la ansiedad y las preocupaciones se mitigan ante el entorno natural que se impone con sus calores y días de lluvias insobornables.
Eso, mejor que nadie, lo sabe el profesor Jorge Manuel Mendoza Solana, cronista que tiene años investigando los antecedentes históricos de su terruño al que califica como un “pueblo de tejas rojas”.
“Precisamente, por la añeja arquitectura de sus 200 casas de teja francesa que llegaron como lastre en el siglo XVIII y XIX, por el trazado original de sus calles, y porque cuenta con una de las tres réplicas de la estatua de La Libertad en el mundo, los paliceños presentamos una propuesta ante el Congreso de Campeche para que nuestra ciudad sea considerada Patrimonio Histórico del Estado”.
-¿Es posible?
-Sí, es muy probable que antes del 2005 se tenga una respuesta favorable. De hecho ya se tiene un catálogo de las construcciones antiguas y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cada año se ocupa de la rehabilitación y el mantenimiento de la Iglesia.
Son las diez de la noche en Palizada. Muy pocos locales se mantienen con las puertas abiertas: el billar, una farmacia, una taquería y el café Los Portales ubicado justo en el centro remodelado de la ciudad bordeado por la arquería.
El mercado y las cantinas cerraron a las ocho de la noche, muchos se acostaron temprano porque mañana partirán en el San Cristóbal.
“Aquí todavía dormimos con las puertas abiertas, porque los paliceños además de conocernos entre nosotros mismos, no desconfiamos de quienes nos visitan”, apunta el cronista, que volvió a salir a esa hora de su casa para atender a los inesperados visitantes.
De las casas cercanas se escucha el ruido de la televisión. Algunos niños, quizá aburridos de la programación que miran los adultos, juegan con una pelota en la calle mientras varios jóvenes en bicicletas platican y pedalean con desgano.
En una de las mesas de Los Portales, el cronista –conocido como el “profesor manito”, mote que heredó de su padre, músico sobresaliente- desmigaja con precisión todo sobre la ciudad que el 16 de agosto de 1992 fue declarada capital del Estado de Campeche durante 24 horas con motivo de los doscientos años de su fundación.
La historia de Palizada inicia alrededor del año 900 antes de Cristo, con el asentamiento del pueblo maya–chontal del que sólo queda un promontorio de tierra de nueve metros de altura. Es uno de los pocos vestigios precolombinos de la cultura indígena que con la llegada de los españoles primero se replegó hacia los ríos y luego fue casi exterminada.
Los piratas fueron quienes empezaron a llamar “Palotada” a este fragmento de la ribera antes que se fundara como el nombre de Palizada. William Dampier, uno de los traficantes de palo de tinte que vivió en la isla de Tris –ahora Ciudad del Carmen- en 1676, llamó al río Palizada “Logwood Creek” que significa “río de palos”, pues la principal actividad era precisamente en torno al palo de tinte.
A ese primer periodo, según relata el historiador, le sigue la llegada de los españoles en el siglo XVII al XVIII y el auge de la explotación de palo de tinte por la demanda de colorantes en Europa. Los barcos de calado pequeño transportaban las trozas de tinte de aquí a ciudad del Carmen, y de ahí, a las embarcaciones pesadas que soltaban lastres -tejas de la Marsella francesa- y se colmaban a cambio de quintales de maderas que eran llevadas a Cuba, San Francisco, Liverpool y Francia.
“Es una mentira que las trozas de tinto se tirarán al río palizada y flotaran desde esta margen hasta el la Laguna de Términos, y que de ahí tomara su nombre”.
-¿Había intercambio entre la gente de Palizada y los países del viejo continente?
-Iban y venían pues la exportación de madera era grande. Había tiendas enormes, al menos 100 comercios. Era muy difícil que en Palizada circulara la plata, pues la mayor parte de la gente manejó oro, incluso, a los cortadores del palo de tinte se le pagaba en oro.
Fue una época de bonanza. Se quedó gente de fuera viviendo mucho tiempo aquí pero se fueron tras el agotamiento de las reservas de palo de tinte y la invención de las tinturas artificiales. La crisis duró 50 años.
Fue hasta 1919 cuando la economía empieza a recuperarse porque la gente que trabajó en el corte del palo de tinte observó que estas tierras eran aptas para el cultivo de la caña de azúcar.
Palizada resurge con la siembra de la caña de azúcar y la exportación de panela para aguardiente. Si a la época del tinte se le consideró de bonanza, a este otro periodo se le recuerda como de máxima prosperidad.
-¿Otro café? –Le preguntamos al relator.
-Ya no, mejor un refresco color rojo.
-¿Y qué pasó con el origen indígena?
-Se fueron a otras partes ante el acoso y persecución de los españoles para cristianizarlos. Huyeron, se repartieron a lo largo del río y por eso se quedaron a vivir ahí.
-¿Cuál es la propuesta que tienen en el Congreso de Campeche?
-Que Palizada sea considerada patrimonio histórico del Estado. Creo que nuestra ciudad pronto será considerada porque hay un registro aproximado de 200 casas antiguas. Palizada es la única ciudad en la zona de los ríos con edificaciones de tejas francesas originales
-¿Habrá una respuesta pronta?
-Tenemos hasta el 2005 para que se emita el decreto, pero dependerá de la velocidad con la que los legisladores trabajen en el dictamen y el INAH concluya sus estudios. La arquitectura es lo que cuenta para que pueda ser considerada como patrimonio histórico, y así, toda esa riqueza heredada por las centurias se conserve en su formato original.
-¿El INAH ya hizo los estudios?
-Se les proporcionó un catálogo y se establecieron las reglas para la construcción de las nuevas viviendas cerca del centro de la ciudad. Ahora, ya no se podrá tumbar o dañar las paredes, y para poder construir los paliceños deberán sujetarse a esas normas y evitar que la armonía histórica del pueblo desaparezca.
-¿Qué tiene una réplica de la estatua de La Libertad?
-Donde está la estatua inicialmente se había construido la fuente de “Los Sapos”, pero como nunca funcionaría se construyó el parque que hoy conocemos como La Libertad. Recordemos que, por la década de los cuarentas, Francia regaló la estatua monumental La Libertada a Estados Unidos, fue una moda y muchos quisieron imitarla por muchos años.
Esta se construyó en 1949 y se le encargó a los hermanos Calderón de Mérida, quienes hicieron una replica y se inauguró el 16 de agosto de 1941. Mide un metro 60 centímetros. Fueron los mismos hermanos quienes hicieron la estatua a La Madre, famosa porque en su mano izquierda tiene 6 dedos.
-Por su cercanía con Tabasco ¿se sienten más tabasqueños que campechanos?
-No sentimos campechanos con muchos vínculos con la zona geográfica de los ríos de Tabasco. Digamos que en general nuestra cultura está influida por dos corrientes migratorias: La primera en 1926 cuando Tomás Garrido termina por quemar la catedral de Tabasco y entonces mucha gente de ese estado se refugia en Palizada para quedarse: los Zabala, los Hernández, los López, con ellos viajan su cultura, sus formas de hablar, sus enfermedades, su gastronomía.
La otra corriente migratoria fue un poco anterior a esa, en la época de la guerra de castas en Yucatán. Como Palizada tenía una tradición histórica muy liberal aquí la gente se sentía abrigada porque los paliceños siempre defendieron con armas su pedazo de tierra: 2 mil 71 kilómetros cuadrados.
En la actualidad, la ganadería es la actividad fuerte de aquí, aunque atraviesa por una severa crisis en la que tiene que ver el TLC, y las enfermedades como la brucelosis y tuberculosis, que han diezmado el hato ganadero.
La ganadería no ha llegado a sostener por completo el desarrollo de los paliceños y muchos emigran a Ciudad del Carmen porque ahí está el principal centro petrolero del país. En la Isla se generan muchos empleos. Digamos que de 100 gentes que emigran 80 van a Ciudad del Carmen y el resto se reparte entre Villahermosa, Campeche y Cancún.
El mismo rumbo lleva la actividad artesanal que se reduce a los tejidos de bejuco, las canastas y el cesto. Ahora, básicamente es gente que hace objetos con pieles curtidas y gente que trabaja la corteza de la madera y hacen figuritas de los mismos monumentos del pueblo.
No hay en la ciudad un museo de historia que cuente el devenir de este pueblo, pero varios miembros de la comunidad cultural local, como el cronista, atesoran piezas de cerámica recogido de los diversos Cuyos que serán donados para un futuro museo.
“Ese será uno de los temas en el encuentro de Promotores Culturales que a finales de noviembre celebraremos aquí, en ese recinto se recogería nuestra identidad”.
-¿Qué prevalece en su visión de cronista: lo político, los apellidos encumbrados, lo popular?
-Desde el punto de vista histórico yo creo que lo importante es el desarrollo de las diversas sociedades como tales. La época del trapiche tuvo su sociedad y su cultura; las otras también. Quizá muchos dicen que Paliza tuvo influencia francesa por sus tejas pero es también parte de la historia. Actualmente estamos pugnando por nuestro reconocimiento.
-¿Tienen pensado a futuro promover el ecoturismo?
-Hay un proyecto para eso. Concordamos en que es igual de importante la preservación de los recursos naturales como el desarrollo de una infraestructura hotelera y restaurantera. Yo creo que sí es factible.
-¿Cuál es el futuro del barco?
-Continúa la misma ruta de siempre. En la época de los trapiches obligó a los comerciantes a ver en Palizada una zona de paso. Esta ruta incluía Jonuta, Balancán, Frontera, Emiliano Zapata, Tenosique, Salto de Aguas y Playas de Catazajá. Palizada era el lugar de entrada y salida, aquí había aserraderos, astilleros, venta de combustible, por este lugar pasaban los Vapores “El Carmen”, “El Sánchez Mármol” en un trajinar constante.
En esa época el mercado se mantenía abierto las 24 horas del día pues la gente bajaba a comprar panetela, pan y chocolate mientras hacía escala el barco, o bien intercambiaba o vendía otras mercancías.
Con la construcción de las carreteras llegó el colapso del movimiento marítimo, pero la ruta Palizada a Ciudad del Carmen se mantiene vigente desde hace unos doscientos años, aunque antes era más fluido, los barcos iban a Carmen y regresaban el mismo día, ahora, no. Los 2 últimos se rompieron y este ya tiene problemas.
Entre plática y plática, entre foto y foto, dieron las doce de la noche. Aquí nadie se entera del paso de las horas por el descenso del ruido, porque aquí todo está en calma desde que cae la tarde. Por la madrugada, los hombres van al mercado a comprar lo necesario para el desayuno, y los más ancianos se enredan en albures y bromas en torno al escote de la muchacha que sirve despreocupada los posillos de agua caliente para café.
II
Matar el ocio para no pensar en cosas malas
-¿Qué recuerda de la antigua Palizada?
-La tranquilidad que no cambia. Hemos visto mejoría porque antes las calles no estaban pavimentadas y ahora sí. Tenemos escuelas, clínicas y centros recreativos. Pero no se pierde la tranquilidad.
Don Antonio Lastra Ortega tiene 35 años al frente de la pequeña tienda ubicada en una esquina, es su negocio y de eso vive. La casa es antigua, y en su interior se notan las vigas y las paredes un poco ruinosas.
“Esta casa me la heredó mi padre y la quiero conservar hasta mis últimos días”, dice el comerciante quien señala que, como la suya, hay unas treinta tiendas antiguas, todas las demás son nuevas.
-¿Es verdad que aquí se puede dormir con las puertas abiertas?
-En Palizada sí.
-¿Qué le dejan esos 35 años?
-Uno se acostumbra al negocio porque también es una forma de matar el ocio para no pensar en cosas malas. Antes me dedicaba a la ganadería pero también me dedico al comercio.
Cuando se le pregunta por la familia, de alguna parte de la casa, como un gato curioso, salta la nostalgia hasta su mostrador lustroso, y dice en corto que sus hijos emigraron por su profesión, “pero regresan para navidad”.
La mujer paliceña: tradicional
La mujer paliceña no tiene mucho futuro en Palizada. Más o menos ese es el futuro, la rutina, la falta de oportunidades de estudio y trabajo, la arrincona a los quehaceres domésticos.
“Se casan jóvenes y a los 15 o 16 años ya están cuidando chiquitos. Pero, en promedio cada mujer tiene 3 hijos a diferencia de otros años que era de 10 hijos”, señala la señora Lucy Guillén de Lastra, tabasqueña de origen, profesionista que se siente contenta con el régimen tradicional.
“La paliceña casi siempre trata de apoyar a su esposo con los quehaceres diarios del hogar y siempre está pendiente de apoyar y contribuir en la economía familiar”.
-Profesionalmente ¿cómo se prepara la mujer paliceña?
-Soy de la idea de que la mujer debe estar en su casa apoyando a su esposo y cuidando a sus hijos, porque eso de que dejemos el hogar a segunda y terceras personas no es lo mismo.
Yo siento que en parte tanta desintegración familiar se debe a eso. Sinceramente, si mi marido me puede mantener que me mantenga, pero en otros casos es distinto.
Uno de los problemas que tenemos en Campeche es que el kinder se cursa a partir de los 4 años a diferencia de otros estados. Muchas mamás se las ven difícil porque muchas de ellas tienen que trabajar como empleadas domésticas.
A’í la vamos pasando.
Don Porfirio Cruz es el ejemplo obligado de los tabasqueños que emigraron a la Ciudad de Palizada. Originario de Jonuta, llegó hace un poco más de cincuenta años. “Aquí vivo de la pesca y de mi taller de hojalatería y pintura, a’í la vamos pasando”.
Camina quitado de la pena, a las seis de la mañana, con una ensarta de veinte mojarras.
-¿Están frescas?
-Sí, fresquecitas, sí, para el desayuno. Las compré en el mercado a 50 pesos.
-¿Por qué se mudó a Palizada?
-Llegué con mis padres, ellos decidieron salir de Tabasco no sé por qué, en este municipio hay muchos jonutecos. Es común que muchos paliceños se vayan a Jonuta y los jonutecos vengan para acá.

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