El Laberinto (de la soledad)

Crónica

Kristian Antonio Cerino

El Laberinto, Tabasco.

En el Laberinto no saben cuánto llovió. Lo único que pueden decir es que el cielo lloró incesantemente y los dejó incomunicados.

Llovió el sábado y el domingo y continuó el lunes. Cuando miraron el río, éste había partido en 2 a la comunidad rural del municipio de Huimanguillo.

Unas familias permanecieron en lo alto de la montaña y otras más sobre entarimados improvisados y con el agua a las rodillas.  No todos pudieron abandonar la zona.

-Se nos llenó de agua. El río Pedregal se salió y nos puso a temblar- Dijo Marco Morales, un campesino de la comunidad.

Cuando el Pedregal cada año abandona su cauce, el Laberinto, con unos 500 habitantes, es un caos. Desaparecen, arrastrados por la fuerza del río, borregos, gallinas y vacas.

-Ahora se me ahogaron 10 vacas y más de 20 borregos.

El Laberinto, con el desbordamiento del río y la lluvia que aparece por ratos, es una auténtica soledad. Algunos están refugiados en otras tierras y los pocos que permanecen aquí no piden comida, sino una lancha para ir por el resto de las familias que quedaron del otro lado del río.

-Nos tienen abandonados, como ya pasó la elección, ahora ya se olvidaron de nosotros- Así se lamentó Javier Reyes, un hombre que vive en el Laberinto desde hace 40 años.

El Laberinto está rodeado de montañas, de caminos enlodados y de cientos de arboles de eucalipto. Viven de la ganadería y de las aves que crían en sus patios.

Esta semana el agua inundó la única escuela y redujo a la nada una colección de libros que los niños leían de lunes a viernes.

-Los niños están tristes porque ningún libro se salvó- Gritó una mujer entre un potrero.

Algo similar sucedió pero entre cultivos en un sitio al que todos le llaman el Milagro.

Al Laberinto como a El Milagro, comunidades tabasqueñas colindantes con Veracruz, se llega rondado por un camino repleto de piedras y lodo y entre una serie de puentes destrozados por el desbordamiento de ríos y lagunas.

En El Milagro todo pasó, menos el milagro de Dios. El río salió de su cauce como un perro furioso y devastó 110 hectáreas de limón.

-El limón estaba floreando y ahora ya no hay nada-Explicó un agricultor.

De los 60 empleados que laboran en la finca, sólo 10 se presentaron a laborar; el resto, se quedó en sus casas porque casi toda la franja se inundó.

Huimanguillo y Cárdenas, municipios de Tabasco, son localidades productoras de caña, limón, piña, maíz y hule.

Aún no cuantifican las pérdidas económicas, pero los campesinos a ojos de buen cubero dicen que ahora el agua: “sí les dio en la torre”.

Ni en Paso del Rosario, el rosario que hizo toda la noche María López evitó que el río arrastrara su casa hecha de madera y de palma.

En esta comunidad de campesinos, el río los juntó a todos en los pocos espacios que quedaron desérticos. Así, en medio del frío y preocupados porque el agua sepultó otra vez sus sueños de crecer económicamente, dijeron que ya se acercan los tiempos difíciles.

-¿Es una prueba de Dios?

-Ya se acerca la hora- Finalizó una viejita que aún extraña sus “pollitos” que el agua se llevó…

 

(Publicado en el diario Milenio)

Continue reading » · Written on: 11-05-09 · No Comments »

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