Las coincidencias de la muerte.
Kristian Antonio Cerino
Villahermosa, Tabasco.
Las portadas de los periódicos son cada vez más rojas en Tabasco. Si algún lector exprime sus hojas seguramente se salpicará de sangre.
Últimamente con la aparición de cuerpos regados en las carreteras, de familias masacradas y de enfrentamientos a balazos entre policías y sicarios, el desayuno no sólo se acompaña con café o pan sino con el número de ejecuciones que van a la alza.
En los últimos años la mafia asesinó a empresarios policías y políticos. Así lo ha hecho desde el 2005, y así lo ha documentado la prensa.
En el 2009 cuando se pensaba o los gobernantes creían que los sicarios habían tomado unas vacaciones regresaron con más saña. Entre sus propósitos no sólo era liquidar al policía que dañó sus negocios, sino a cada uno de los miembros de su familia.
Coincidencia o no las 2 masacres recientes en contra de policías y sus familias han ocurrido los días 14 (de febrero y mayo) y casi a la misma hora, una en el municipio de Macuspana y otra en el de Cunduacán, en donde sumadas murieron 19 personas, en su mayoría niños y mujeres.
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La mañana del domingo 15 de mayo los diarios locales publicaron una serie de fotografías en donde se ve a un policía sin camisa y recostado en una hamaca. El jefe policíaco está con la cara volteada y con varios balazos en el cuerpo. Detrás, aparece su esposa con la ropa sangrando y con la mirada perdida…su blusa pasó de amarilla a roja por los balazos que recibió cerca del corazón. Sus hijos, afortunadamente, no están en la imagen porque la policía amuralló la casa y evitó que los fotógrafos grabaran el momento; de esta forma impidieron el avance de la prensa carroñera.
De los hijos de Baldomero García y Amparo Tiquet, sólo diremos que murieron a sangre fría a manos de los sicarios, que según testigos, lo hicieron sin piedad.
-Llegaron a la casa, dispararon con todo y cuando salimos a ver estaban llenos de sangre-Dijo un campesino de La Piedra, una comunidad rural en donde el policía construyó su casa hace algunos años. Hoy, los ciudadanos saben que existe La Piedra no por lo que hace su gente o por lo que producen, sino por el sitio de la masacre, el lugar de la muerte.
Antes de ocultarse el sol, aquel jueves del 14 de mayo, un comando armado irrumpió en la vivienda del policía. Llegaron con tanta prisa y quemando llantas que éste ya no pudo levantarse, ni esconder a sus hijos ni cubrir a su mujer, menos quitarse las balas de encima. Así murió: “A quema ropa”, publicó un diario de nota roja.
De lo último que hizo el agente y que dan cuenta las crónicas policíacas, fue comer guayas, mecerse de un lado a otro en la hamaca y aceptar la muerte en la comunidad rural del municipio tabasqueño de Cunduacán.
Una fuente policíaca informó que la muerte del agente Baldomero obedeció a un ajuste de cuentas, que el crimen organizado lo asesinó porque los combatió en algún otro momento.
A semanas de su muerte, los vecinos hablan poco de lo ocurrido, del día que se les apareció el diablo bien armado y que tomaron la justicia con sus cartuchos.
De lo único que pueden decir es que lamentan sus muertes, que algún día habrá castigo y que aún sueñan con los cuerpos ensangrentados por toda la casa.
Un vecino que vio la escena del crimen dijo que los cuerpos de los hijos de Baldomero quedaron con la mirada perdida y con los rostros cuyos gestos eran de dolor.
-Fue difícil ver aquello-Exclamó.
Aquella misma noche, las agencias de noticias informaron que Alejandro y Luis Gustavo García Tiquet, de 9 y 16 años, murieron durante la masacre; estos hijos del policías fueron los últimos en morir. A estas muertes se sumaron los sobrinos del policía, de 4 y 9 años de edad; la madre de éstos, y hasta una vecina que quiso proteger a los infantes.
Cuando ejecutaron a todos, 8 en total, el comando armado se retiró del sitio. Para cuando llegaron los peritos sólo se limitaron a levantar los cuerpos y a contar el número de balas usadas en contra de la familia García Tiquet: “como 140”, balbuceó una fuente policíaca.
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De la misma forma en que murieron los García Tiquet, así pasó con la familia del policía Carlos Reyes López, pero 90 días antes.
Un sábado 14 de febrero (2009), cuando el tema era El Día del Amor y la Amistad, unos matones llegaron en 2 camionetas y bajándose a prisas abrieron fuego en contra de hombres y mujeres.
Dispararon sin parar hasta matar a 11 personas, en su mayoría niños; el objetivo: aniquilar al policía Baldomero y no dejar testigos de la masacre.
En las horas después de estos asesinatos en la comunidad de Monte Largo, Macuspana, los diarios publicaron que el policía recientemente había participado en la captura de miembros del crimen organizado que radicaban en Tabasco. Este dato después se confirmó con la Policía.
Una agencia española de noticias publicó que la violencia del narcotráfico había alcanzado “el extremo” en Tabasco con la matanza de una familia.
Según el despacho informativo murieron 11 personas, 2 hombres, 3 mujeres y 7 menores de edad.
-No hubo piedad, asesinaron a niños y a mujeres. No tuvieron piedad- Dijo off de record un policía de Macuspana.
Las imágenes de la masacre difundidas por la prensa local conmovieron a la sociedad de Tabasco. En una de las gráficas se ve a los niños que recibieron diversos balazos en el cuerpo y debajo de sus camas.
-Se escondieron y los remataron cuando lo hacían.
Una de las hermanas del policía Baldomero fue la única en hablar con la prensa. Lamentó que los asesinos no tuvieran piedad:
-A todos los mataron, a mi hijo, a mi hermano, a mi mamá, no se vale.
Algunas de las balas se incrustaron en las paredes de lámina de la casa del policía.
Por más que la Policía buscó al comando armado –unos 10 sicarios- que los liquidó, estos desaparecieron del mapa de Tabasco.
Hay ciudadanos que dicen que los criminales llegaron para quedarse en Tabasco, y otros que argumentan que están aquí porque están huyendo del norte. Mientras tanto, no hay policías que los quieran enfrentar precisamente por la saña con que se están desquitando, con la familia.

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