Manolo
Kristian Antonio Cerino
Cocohital, Tabasco.
Lo único que recibió la familia de Manolo Díaz Alejandro, uno de los cuatro buzos que murió asfixiado el pasado fin de semana en el Estado de México, fue un ataúd deteriorado.La empresa que lo contrató sólo se responsabilizó de enviar el cuerpo a la comunidad rural de Cocohital, en el municipio tabasqueño de Comalcalco.
Sin embargo, los gastos de los funerales corrieron por cuenta de los deudos.
A 24 horas de que fuera sepultado en el panteón de la misma comunidad, su esposa, Deyanira Chablé Rodríguez, dijo con lágrimas en los ojos que cuando recibieron el cuerpo un diputado de la región les compró un nuevo ataúd: “El otro no servía, y él nos regaló uno para darle cristiana sepultura”.
Precisó que el gobierno municipal de Comalcalco los está asesorando para que puedan recibir una indemnización, pues agregó, “no me han apoyado ni con un peso”.
—En una nota difundida por televisión, un representante de la empresa contratista Compañía de Servicios de Inspección de Tuberías (PPIC, por sus siglas en inglés), aseguró que han contactado a las familias de las víctimas para indemnizarlas, ¿es así?
—Dijeron que hablarían conmigo, pero sólo nos avisaron que se había muerto, pero de eso ya pasaron varios días y no vemos nada.
En la casa de Manolo Díaz Alejandro, el buzo de 45 años, los deudos recuerdan sus comienzos en el buceo.
“Trabajó muchos años en el puerto de Dos Bocas y siempre decían que era bueno en lo que hacía”, rememoró Lorena Díaz Chablé, su hija mayor.
Mostró algunas fotografías de su papá donde recibía capacitación para bucear y compartió los libros que le leía a propósito de este oficio.
“Mi papá estaba contento de que por fin trabajaría, él se había quedado sin trabajo durante varios meses y quién iba a decir que allá moriría”, lamentó.
Ayer, en la comunidad de Cocohital, en donde se vive de la pesca y de la agricultura, los vecinos se solidarizaron con la familia Díaz Chablé, quienes todavía no alcanzan a entender que el señor de la casa ahora esté muerto.
En el puerto de Dos Bocas, el más importante de Tabasco, el buzo realizó diversos descensos en el mar a través de las compañías que lo contrataron hasta antes de ser liquidado y quedarse sin empleo.
“Él era un padre muy creyente de Dios; el día que dicen que murió, yo lo presentí. Le hablamos muchas veces a su celular, pero ya no contestó.”
Ella pidió a la procuraduría mexiquense fincar responsabilidades contra los responsables del fallecimiento de su padre y de los otros tres buzos.
“No se ahogaron, ellos sabían lo que hacían; parece que se intoxicaron y eso debe investigarse”, acusa.
Manolo Díaz procreó seis hijos con su esposa Deyanira Chablé. Dos de ellos ya están casados, pero los más chicos están entre los 17 y los 19 años de edad.
De las cosas que condenan las familias es que, dada su condición humilde, la empresa que contrató a los buzos “cortó” la comunicación con ellos.
“Estaba contento porque ya tendría dinerito, pero ya ven lo que pasó”, remató su suegra, Eutimia Alejandro Suárez.
En los alrededores de la casa, a unos 90 kilómetros de Villahermosa, se preparan para continuar con los rezos —hasta el próximo viernes— que han organizado para pedir por el alma del buzo que se les fue.
(Texto publicado en el diario Milenio, en la última semana de noviembre de 2008)

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