La pasión de la crónica
Carlos Coronel
Villahermosa, Tabasco.
Kristian Antonio Cerino eligió el género de crónica para escribir y publicar en medios locales y nacionales “porque es uno de los géneros que navega entre el periodismo y la literatura”.
Catedrático de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, y corresponsal de la agencia internacional EFE, el originario de Jalpa de Méndez reconoce que en la entidad “son muy pocos los que arriesgan a encontrarse en este oficio”. Entre quienes destaca como buenos cronistas locales, por supuesto, están Ariel Lemarroy, Samuel Soto y Martha Cuevas.
Pero el mayor riesgo del cronista no está en la casi clandestinidad de su oficio, sino en la falta de apertura de los medios al género. “Nunca se contrata en un diario a un cronista sino a un reportero, que debe cumplir con escribir una serie de notas informativas y al mismo tiempo hacer crónica. Quieren que el reportero escriba de todo un poco”, agrega.
–¿Por qué eligió escribir cónicas?
Porque es uno de los géneros que navega entre el periodismo y la literatura, y a mí ambas cosas me interesan. A diferencia de los otros géneros, como los informativos y los de opinión, en éste sí se puede interpretar, narrar y describir. Además, la crónica más que color es pasión.
–El cronista ¿debe estar siempre en el lugar de los hechos para cronicar?
Desde luego, es importante la presencia del cronista para realizar una serie de observaciones. El único recurso que tiene el cronista para reconstruir un hecho es la entrevista. Pero el cronista debe entender que no tiene otra opción, cuando no está presente, que creerle a quien le están diciendo las cosas. Hay crónicas que el cronista las prepara, las planea, y siempre aparecerá su ojo crítico, pero habrá días en donde no estará y sólo llegará horas después para intentar reconstruir la historia con base en testimonios.
–¿Hay cronistas en el estado?
Sí los hay, pero son muy pocos los que arriesgan a encontrarse en este oficio. Hace algunos años leí buenas crónicas de Angel Valdivieso Cervantes. He leído también buenas crónicas de Samuel Soto Giles, Ariel Lemarroy y Martha Cuevas.Y he leído muchas en el panorama nacional. A veces a los cronistas locales nos hace falta ser más constantes, alejarnos por temporadas del diarismo para comenzar una serie de relatos cronológicos, escritos sin presión y de mayor extensión. Recuerdo algunos textos de Isidoro Pedrero que también los he considerado crónicas.
–¿Qué jode a un cronista bueno?
Los recursos económicos y el nulo conocimiento del género, y al decir recursos económicos me refiero a que nunca se contrata en un diario a un cronista, sino a un reportero, que debe cumplir con escribir una serie de notas informativas y al mismo tiempo hacer crónica. Quieren que el reportero escriba de todo un poco. A los jefes de información les cuenta entender que la crónica requiere de tiempo y espacio, de una entrada y de un remate distinto a la nota informativa. Confunden al cronista como aquel que debe darle color a la edición. Y nunca ven su importancia. El cronista debe estar cerca de la literatura y de las nuevas tendencias de la narrativa.
(Publicado en el diario Tabasco Hoy. Agosto 2008)

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