Las dolencias de Villahermosa.
Kristian Antonio Cerino
Villahermosa, Tabasco.
I
Lo primero que Verónica escuchó fueron los golpes en su puerta.
Dos hombres con rabia se quedaron a segundos de demolerla en el justo momento que asomó la cabeza por una rendija.
Eran dos policías desesperados, alarmados porque la bestia venía en camino.
A Verónica le dijeron que disponía de sesenta minutos para evacuar, que no era ninguna broma, que corriera con el diablo adentro.
Cuando arrancó el río Grijalva superó el dique construido por soldados, sepultó los primeros comercios y su casa de la calle Fidencia.
En una bolsa echó pocos objetos, los más pequeños. En casa de David, un amigo de la empresa, inventarió el rescate: una pulsera, una libreta y un reloj.
En un principio el espanto no la dejó ver lo más indispensable, su grabadora digital que guarda ocho horas de voces.
Verónica fue la primera reportera en mojarse los pies, en morderse el miedo, en sentir que un animal desconocido venía rascándole la espalda.
Confesó, cuatro meses después de la inundación, que el susto lo mantuvo durante varias semanas, más cuando escuchó en su estación de radio que en las presas chiapanecas un cerro se desgajó sepultando a la comunidad Juan de Grijalva.
Cuando retornó a su casa encontró una calle Fidencia de cabeza, una Villahermosa en ruinas y una vida, sí, su vida, con muchas dolencias.
Vio pirámides gigantescas, como la que edificaron los mayas en el municipio tabasqueño de Comalcalco, de basura; mujeres muriéndose de tristeza por lo que pasó, hombres sin empleos, empresas destruidas y una ciudad sumergida en la miseria. A Villahermosa, según los ojos de Verónica, se la comió el agua, el lodo, la desinformación. En los últimos días de octubre, de 2007, la capital era una Venecia por sus ríos uniendo avenidas; hoy es una muralla China con costales y arena, concreto y tierra compactada, para evitar nuevos desbordamiento de ríos.
II
Los ciudadanos de la capital cumplieron 116 días de mirar por sus ventanas sólo costalerías porque millones de bultos fueron colocados en treinta y seis kilómetros de ríos. El Carrizal y El Grijalva lejos de mostrar un panorama tropical en sus riberas han presentado un escenario antiestético.
Las colonias de Villahermosa continúan sumergidas en la miseria. A duras penas rehabilitaron las viviendas que el río se tragó. Con la esperanza de que el tiempo pronto sanará las heridas por la inundación, a los habitantes les preocupan las nuevas anegaciones pues el sistema de drenaje quedó fracturado; el agua negra está calando miles de narices y pulmones en el norte de la ciudad.
Casa Blanca, por ejemplo, se inundó a principio de año sólo de aguas residuales. Y lo mismo ha pasado en otras localidades.
En Tabasco la verdadera inundación comenzó cuando los ríos regresaron a sus cauces. Algo así sucede en las guerras. Cuando el agua descendió llegó la autentica anegación: ruinas, libros rotos, arboles caídos, comercios quebrados, desempleos, psicosis, casas destruidas y el pensamiento de dejar este pedazo de tierra.
Según el gobierno los afectados por la inundación fueron un millón 400 mil tabasqueños, 22 mil empresas reportaron daños y 32 mil tabasqueños perdieron sus empleos.
Bajo el slogan “Reconstruyamos Tabasco con un espíritu intacto”, el gobierno establece que un mil 328 kilómetros de carreteras quedaron dañadas. Lo mismo que 132 puentes, 113 unidades médicas y 570 mil hectáreas de cultivos.
Hoy, lejos de los innumerables discursos para la reconstrucción de Tabasco es necesario decir que no todo está en su lugar, 3 mil familias carecen de un hogar, 32 mil ciudadanos necesitan de un empleo, las escuelas requieren de libros y mobiliario y ante la inexistencia de un Plan Hidráulico es casi un hecho que las inundaciones tendrán replicas anuales.
-Nos inundamos y no nos dieron nada- Dijo Ángela Pérez, habitante de la colonia Casa Blanca
Su esposo perdió el empleo en la inundación; sus hijos, clases en la Primaria y ella también ya esfumó todas las esperanzas de vivir.
-Usted ve lo que quedó de mi casa, nadie nos responderá por lo que pasó- Agregó.
Le pudre, sobre todo, que Tabasco siga estando de cabeza, oliendo mal, amurallado, sin empleo y con un Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) sólo cacareado por los conductores de la televisión.
-Esos de la tele sólo ven lo que otros no-.
Para ella no hay nada más triste que un Tabasco sin directriz, un Tabasco un mendigo a sueldo de la vida, un Tabasco inundando cada vez que se les antoje y un Tabasco intolerante.
(Publicado en La Verdad del Sureste. Octubre de 2007)

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