El rey
Kristian Antonio Cerino
Villahermosa, Tabasco.
Lo conocen como Capulina, el político de las botas, el de los bigotes, el de las viejadas.
José David Ascencio Arellano, es un político polifacético: baila, canta, caza mujeres, colecciona camionetas Ford y no encuentra estabilidad en ningún partido.
Inició su carrera en el municipio de Centla, en la costa de Tabasco, como candidato del PAN a la presidencia municipal. No ganó –en el 2000- pero la votación obtenida sorprendió a muchos.
Los primeros admirados fueron los perredistas que en el 2003 lo lanzaron de candidato a la presidencia municipal de Centla. Esta vez, contra todos los pronósticos, venció en las urnas a los priistas.
Ascencio Arellano, un empresario dedicado a la venta de agua purificada, emprendió su gestión con ciertas peculiaridades que no solamente trascendieron en su demarcación, sus 3 mil metros cuadrados, sino en todo Tabasco.
Siempre ha dicho que no lo pueden ver, que lo odian y que lo aman irremediablemente, pero que sí quisieran ser como él: sencillito.
Le arrancó el aplauso a los centlecos cuando sin importarle su envestidura presidencial escaló una plataforma para bailar con Ninel Conde.
La cantante de música grupera le enseñó 3 pasitos para no perder el ritmo guapachoso. Se dejó llevar por la noche y por los fotógrafos que retrataron sus peripecias.
-¿Le gusta Ninel? Le preguntaron los reporteros.
-Me gusta como canta y baila, sólo eso- respondió.
Aquella vez, 2004, el alcalde Ascencio bailó para agradar a sus paisanos en la fiesta más importante del municipio.
Veinticuatro horas después, en los 17 municipios tabasqueños uno sabía perfectamente que Ascencio era el bailarín de las fiestas populares, el que dominaba el baile de la quebradita.
-¡Qué bárbaro! Dijeron los perredistas.
-¡Qué ridículo! Dijeron algunos columnistas en sus textos.
Como alcalde de Centla, municipio en donde los españoles vencieron a los indígenas en los inicios de la Conquista, aumentó sus gastos personales.
Ya no tomaba cualquier café en su municipio, sede del puerto de Frontera, sino en Galerías, quizá la plaza más importante de Villahermosa.
Además, compraba ropa de marca y frecuentaba el hospital Los Ángeles en donde se atendía ciertas dolencias.
“Es un empresario exitoso, se le critica sólo su forma de ser”, dijo en su defensa Juan Ignacio Chávez, uno de sus portavoces en Centla, municipio con 5 mil indígenas enclaustrados en la pobreza
Un asesor del presidente Ascencio le hizo ver que estaba “regándola” con sus actuaciones. Lo ignoró.
Invitó a varios funcionarios y reporteros a la ciudad de México. La idea era entretenerse y olvidarse de los problemas del municipio. La gira fracasó porque algunos de sus invitados difundieron fotografías y videos de sus gustos.
Ascencio, a quien llaman el Capulina por su parecido con Gaspar Henaine, resultó un cliente frecuente de los Spa y de los Table Dance.
Los diarios locales reprodujeron una serie de fotografías en donde estaba acostado recibiendo masajes. Se le veía relajado, extasiado, complacido por su viaje de placer a la ciudad de México.
Demoró en regresar a Villahermosa porque sus gastos, presuntamente cargados al erario, no eran para la gestión del municipio –como prometió en campaña- sino para el pago de masajes y bailes eróticos.
-Regresó otras veces a México pero sólo con sus mejores amigos- recordó un asesor de la presidencia municipal.
En el Congreso de Tabasco comenzó una discusión por los gastos excesivos e innecesarios del alcalde Ascencio. Hasta en tribuna, se pregonó su pasión por las mujeres, su adicción con las bebidas etílicas.
Algunos políticos de aquella época -2004-2006- como Juan Molina lo definía como el pancho cachondo tabasqueño. Por su complexión y por su cacería furtiva de mujeres sensuales.
A pesar de los señalamientos de la Cámara de Diputados, él continuó:
Algunos jefes de información y de edición alcanzaron a probar las delicias ofrecidas por el alcalde de las viejadas.
Un día, contento por cumplir un año en la presidencia municipal, invitó a 3 periodistas a un Table Dance de Villahermosa.
Les pagó los tragos, los bailes eróticos y hasta los cuartos del motel donde terminó la fiesta.
Aquel día, diciembre de 2004, entraron al Cartier uno de los Table Dance más caros de la ciudad. Una parte de la cuenta la pagó en efectivo, y otra, con tarjeta de crédito.
-Hasta el corresponsal de un medio nacional alcanzó vieja- Contó uno de los invitados. Lo dijo abiertamente porque, irritado o no, él sólo vio comer a los demás.
Algo más: Ascencio le dio mucho dinero a los periodistas, una serie de recursos a la mano para evitar eso de las evidencias.
Pero, así como era un cazador o comprador de mujeres, era un adicto –y continúa siendo- de las camionetas Ford.
Versión de un colaborador: la primera vez que se paró en la agencia (automotriz) parecía un niño, no sabía cuál comprar. Escogió la más cara, la más lujosa. Le dijimos que no porque en los periódicos lo criticarían.
-No la compre.
-Píenselo bien.
-No la compre. Le insistí.
Salió manejando una camioneta exageradamente equipada de Villahermosa con destino al puerto de Frontera. Después compró otras dos.
-¿Por qué tanto lujo? El primer cuestionamiento de los reporteros.
-No es lujo- Fue su última palabra.
Pocos políticos en Tabasco, incluyendo al gobernador, podía darse los lujos de Ascencio Arellano, el político bigoton y gordito por naturaleza.
Cada vez que llegaba a un evento a la capital, descendía acompañado de escoltas como un capo importante.
-Ya llegué, ya llegué- Decía en voz alta con esa voz chillona que nunca moduló.
Los periodistas, los agraciados, le sonreían. Pero más los perredistas, esos dirigentes que recibían algunas obras del gobierno municipal; hasta la licitación del servicio de limpieza era para el líder solaztequista.
Así concluyó su gestión en la alcaldía. En el 2006, su último año, el PRI buscó promover un juicio político; el PRD lo evitó.
Juan Manuel Fócil, el dirigente del PRD, respaldó su carrera política no sólo defendiéndolo con manifestaciones en el Congreso de Tabasco sino dándole jugada para que ocupara un buen sitio en la lista de las diputaciones plurinominales.
-Él no dejó que se le investigara por malversación de fondos e enriquecimiento ilícito- Hoy recordó Miguel Angel Valdivia, diputado local priista cuando Ascencio era alcalde de Centla.
Aquellos días cuando buscó la diputación local para mantener el fuero constitucional, y así esquivar la cárcel, trascendió que compró a los delegados perredistas –en un millón de pesos- para que no lo borraran de la lista plurinominal.
Terminó el 2006. Ascencio se fue de vacaciones a su tierra natal con la seguridad de que regresaría a Villahermosa -el 1 de enero- como diputado local del PRD. Así de sencillito y sin ningún esfuerzo humano.
-Cuando comenzó el periodo de sesiones se le notó indeciso, jamás imaginé que nos dejaría- Confesó Ovidio Chablé, un diputado local del PRD.
Llegó el día de la renuncia. Ascencio Arellano, el ingeniero de profesión, hizo pública su salida de la bancada del PRD, partido que lo defendió hasta con marchas para evitar que fuera juzgado por un presunto desvío de 20 millones de pesos o más.
Argumentó, una de las primeras mañanas de 2007, que en el PRI sí lo comprendían, aunque sus compañeros lo acusaron de vendido.

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