El juego de la vida

Kristian Antonio Cerino

Villahermosa, Tabasco.

 

El parque Centenario 27 de Febrero está plagado de mil 700 jugadores. A diferencia de los actores que dicen jugar béisbol, estos vienen de perder un partido en contra de la naturaleza y de los gobernantes rateros.

 

Unas 5 burbujas –casas gigantescas a manera de carpas- están sobre el diamante. Los damnificados viven hacinados en medio del calor decembrino, del desorden social, de los acosos, de los intentos suicidas.

 

Algunos han cumplido 6 semanas de vivir sobre el rumbo de la primera, segunda y tercera base. Por donde los Olmecas –aquellos del 93- dieron la vuelta olímpica al ganar el título de

la Liga Mexicana de Béisbol.  A Luis Fernando Calcaneo Flores, amante de la psicología, le preocupó -el 20 de diciembre- el que 25 mujeres expresaran su deseo de suicidarse en el albergue.

 

Platicando en las gradas del parque, frente a decenas de marinos que le enciman sus miradas a las mujeres más sensuales, expresó que las 25 han confesado el querer quitarse la vida estrangulándose.

 

“Se quieren morir por problemas de infidelidad, emocionales, porque sus parejas toman alcohol o se drogan”, dijo alarmado por estas mujeres que vivieron –hasta antes de la inundación- en las colonias Gaviotas y La Manga.  Un adolescente, por ejemplo, cambió su ideación suicida por el de intento. En una de tantas noches en el refugio temporal coordinado por la Armada de México, tomó en sus manos una cuerda para ponerle punto final a su existencia.

 

“Alguien nos avisó a tiempo, lo enviamos al hospital de salud Mental, ahí está, se siente solo”, sumó Calcaneo Flores.

 

Pocas veces se tiene la oportunidad de sentarse en los lugares numerados en un play off de

la Liga Mexicana. Cuando alguien se para en la taquilla -para comprar un boleto en un bueno sitio- resulta que están apartados para los políticos mentirosos.  Precisamente a la altura de la registradora, se alcanzan a ver cientos de niños corriendo por las casetas de local y visitante, jugando carritos de plásticos como lo que compraba mi padre, viendo la televisión, formados para comer y diciéndole papá a los marinos.

“Yo no me quiero ir, al menos aquí como más que en mi casa”, palabras más, palabras menos de Alejandro Arias, de la colonia Tierra Colorada

 

A sus 7 años se acuerda poco de la escuela, está viviendo su momento: “el jugar con mis amigos y mi cochecito”.

 

Desde las gradas enumeradas se ve –a lo lejos- el jardín izquierdo del Centenario colmado de ropa de mujeres y niños.

 

“La cuelgan en donde pueden a falta de lías”, dijo un empleado del gobierno de Villahermosa sumado a las tareas de logística.

 

Son pocos los que en verdad no están haciendo algo. Las mujeres, menos las presuntas suicidas –que sólo se les ve triste y con la mirada perdida-, cuidan a sus hijos, tejen, lavan ropa, preguntan cuándo “nos iremos”.  Una minoría permanece en las gradas sólo esperando que en el altavoz anuncien la hora de la comida.

 

“Todavía no se formen, por favor quítense del sol”…

 

En el Centenario, este parque que en más de una ocasión ha despertado el interés de la afición, decenas de obreros entra y salen de esta su casa. Lo mismo pasa con estudiantes de secundaria y preparatoria.

 

Cómo entender que muchas vidas caben en 5 burbujas, que muchas vidas están aquí por esos rateros que se llevaron el dinero de las obras hidráulicas, el cómo nadie conoce sus historias porque clínicamente -por el gobierno- son tratados como  números o simples casos.

 

* * *

 

Los marinos abrieron el portón para que salieran los refugiados. A las 9:35 horas, la familia Jiménez abandonó el albergue de la ciudad Deportiva.

 

Se despidieron de sus paisanos que viven en otras colonias antes de subirse al camión de carga que los llevaría a Corregidora, una comunidad a 15 kilómetros de Villahermosa, Tabasco.

“Nos vamos contentos”, confesó Tomasa Jiménez. Abrazó a sus hermanos y sujetó una bolsa con productos enlatados.

“Hasta llevo mi comidita”, fue de lo último que dijo a los voluntarios que le auxiliaron a treparse en la unidad.

Cuando el portón se abrió, 700 damnificados abandonaron el albergue habilitado por el posible desbordamiento de los ríos. El desfogue en la presa Peñitas preocupó a las autoridades, por lo que ordenó la evacuación de 15 mil 400 personas en tres municipios.

El Sistema Estatal de Protección Civil informó que unas 14 mil personas retornaron a sus hogares este viernes en los municipios de Centro, Cunduacán y Nacajuca.

Sin embargo, ayer no todos pudieron salir del refugio temporal. Se notó que mil 50 refugiados estuvieron tristes. Marbella Aquino fue una de ellas.

“Qué más quisiéramos irnos, pero no tenemos dónde Señor”, dijo la mujer de 40 años de edad, conteniendo el llanto.

Su casa, o más bien la que rentó durante 2 años, la sepultó el río Grijalva desde el pasado 2 de noviembre, el Día de Muertos. “Vivía en Gaviotas, pero hoy no tengo dónde ir, por lo que pasaré la Navidad aquí, en este lugar”, exclamó.

Como ella, unos mil 50 damnificados comerán pavo durante la Noche Buena, porque así se los prometió el gobernador Granier.

“Nos dijo que vendrá con sus funcionarios a pasársela con nosotros”, recordó Aquino, una mujer que aún está adaptándose a las condiciones del albergue.

“Somos muchos, con pocos baños, con una fila larga para comer”, afirmó.

Cuando los ríos Carrizal, Mezcalapa y Samaria desbordaron e inundaron a un millón 200 mil tabasqueños, unos 3 mil se quedaron sin viviendas, prácticamente en la calle. De los 3 mil, mil 50 viven –desde hace 6 semanas— en el albergue de la Ciudad Deportiva, indicó Gabriel García Chávez, un portavoz de la Armada de México.

“Cuando los 300, que es un cálculo, se vayan, nos quedaremos con 700 para preparar la cena de Nochebuena”, enfatizó.

“Algo se tiene qué hacer con las personas que no tienen casa, que se quedarán aquí por más tiempo”, sostuvo Guadalupe Mayo, empleada de la Secretaría de Planeación del gobierno de Tabasco.

En el municipio de Centro, sede de la capital, se evacuaron 12 colonias con unos 700 habitantes en total.

“Yo soy el encargado de llevarme a 234 personas a Buena Vista, sector el Tinto”, señaló Roberto Esquivel, funcionario del gobierno municipal de Centro.

Los evacuados de los últimos días subieron ropa sucia, colchonetas, electrodomésticos, despensas y hasta ancianas en sillas de rueda. Matiana de Dios Torres, de 97 años, era la más preocupada de regresar a su casa.

“Ella dice que ya extraña su casa”, tradujo uno de sus hijos. Mariana balbucea y alguien tiene que pegar el oído a su boca para escucharla.

Del albergue de la Ciudad Deportiva salieron unidades con los evacuados “y sus cosas” a las comunidades de Corregidora, Emiliano Zapata y Buena Vista.

A las afueras del estacionamiento, voluntarios del gobierno de Tabasco izaron pancartas con el nombre de las localidades para coordinar el regreso a casa.

“Olvidé mi bolsa”, gritó una mujer desesperada. “Ya se la traen”, le respondió un marino.

Los elementos de la Marina parecían botones de hotel llevando de un lado a otro cientos de equipajes artesanales.

Alejandro Jiménez vio a todos salir del albergue: “Me iría corriendo con ellos, pero me quedé sin casa y sin mujer”.

—¿Se murió su esposa?

—No, cuando nos fuimos al agua ella se fue a Campeche, no he podido ir por ella.

“¡Acá está otro camión!”, continuó diciendo un marino en la explanada de la Deportiva.

Daniela García, una niña de años olvidó sus sandalias en el albergue, pero no a su perro —de peluche— Betoven, que fue llevado en hombros hasta depositarlo en la unidad de carga.

Cosita preciosa, una periquita, también estuvo refugiada en el albergue de la Ciudad Deportiva. Su única dueña, Marquesa Torres, reveló que envió a una persona por él —a la comunidad de Buena Vista— porque estaba muriéndose de tristeza.

“Ya me extrañaba, no quería comer. Dame la patita”, remató su ama.

 

(Publicado en los diarios La Verdad del Sureste y Milenio. Noviembre de 2008)

 

 

 

 

 

Continue reading » · Written on: 12-24-07 · No Comments »

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.