Juan de Grijalva (I)
Kristian Antonio Cerino
Juan de Grijalva, Chiapas.
No quise quedarme con las ganas de conocer el tapón. Llegué en 200 minutos saliendo desde Villahermosa. Pasé por los municipios de Reforma, Juárez y Pichucalco. Antes de llegar a Ostuacán, encontré una señal que decía: Juan de Grijalva.
En el camino encontré deslaves, puentes rotos, desesperanza, un Chiapas con comunidades pobres –como en Tabasco- y unos ríos con poco agua.
-¿En dónde está el agua?
-Detrás del tapón- Gritó un campesino.
Llegué cansado a los primeros indicios de Juan de Grijalva. Pensé: aquí estará el pueblo a unas cuantas rodadas. Me equivoqué.
El vocho modelo 2002 avanzó 10 kilómetros más entre caminos enlodados y plagados de piedras, vacas, montañas. Pasé 8 puentes tubulares (muy pequeños) hasta que vi 27 camionetas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE)
-¡Hasta aquí!-
-Soy reportero, voy al tapón. Le dije.
El empleado de la CFE me pidió que estacionara el auto allá “lejos” y en donde “no moleste”. Le expliqué que era reportero. Lo entendió desde el momento en que me dejó avanzar la línea divisoria.
Es más, me sugirió que esperara una camioneta para llegar a los pies del tapón. Ello porque me vio decidido a rodar camino abajo.
Qué bueno que le hice caso. Cuando me trepé en la unidad entendí que ese hombre me salvó la vida. Hubiera caminado un buen y me hubiera muerto de un infarto.
Los empleados de la CFE cerraron el acceso al tapón, en la comunidad chiapaneca de Juan de Grijalva, porque la lluvia dificultó la carretera de arena y piedra.
Ayer, decenas de máquinas que se usaron para remover el presunto cerro desgajado -que irrumpió la marcha del río- fueron retiradas de la zona a empujones porque muchas de ellas se habían quedado atascadas.
Sin enumerar a los reporteros en el famosísimo tapón, vi –en la vispera de su retiro- unos 300 obreros distribuidos en montañas. Vi, además, decenas de lanchas que recorren el río Grijalva y un pueblo que ya quedó un mínimo de habitantes.
-A mi mamá se la tragó la tierra- Relató Celia Díaz.
-¿Y la rescataron?
-Si. Esos del gobierno mienten cuando dicen que se desgajó el cerro.
Encargada de una tienda, a 400 metros del tapón, la mujer reprochó que en la televisión se digan puras mentiras.
-Aquí lo provocaron- Precisó.
Juan de Grijalva quedó reducido a lodo. En sus alrededores –otras comunidades que también suelen llamarse Grijalva- las evacuaciones sí tuvieron éxito comparadas con las que intentó Andrés Granier Melo, el gobernador de Tabasco.
Parado a unos metros del multi-promocionado tapón, no entiendo la alarma de las autoridades por evacuar. Veo el río manso por no decir menso.
Pero, algunos ingenieros de la CFE, me dijeron que lo complicado estará cuando el tapón quede abierto y los ríos crezcan en la planicie tabasqueña.
En el tapón existe más vida que en los alrededores de mi casa, en Jalpa de Méndez. Antenas en los cerros, cámaras por doquier, cascos, botas, gritos, ruidos de motores, chiflidos desde lo alto, las hélices de 2 helicópteros que sobrevuelan el río.
Algunos obreros comieron productos enlatados, otros galletas con coca-cola. Realmente pasarse en Juan de Grijalva es contemplar sólo el tapón, el río que no avanza; escuchar, sobre todo, el mundo de instrucciones para concluir las tareas.
-¡Apúrense!
-Nos dieron en la suerte- Dijo señora que encontré en el camino. Llevaba sus compras, café y azúcar.
Después se perdió en una vereda colmada de lodo.
-Cuando nos dimos cuenta el montón de tierra ya estaba sobre las casas- Comentó en voz baja un campesino. Cuando se bajó del vocho noté que lloró.
(Publicado en el diario La Verdad del Sureste. Diciembre de 2007)

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