Las rostros de la inundación (I)

Kristian Antonio Cerino

Villahermosa, Tabasco

Con los pies entre el agua

El río Grijalva superó el muro, mojó los pies de María Hernández  -una comerciante- e inundó una sucursal bancaria.

En 2 horas, el río cubrió el Centro Histórico de Villahermosa, rodeó el Palacio de Gobierno y expulsó, de los hoteles, a 320 huéspedes a la calle.

-Salimos, nos no quedó de otra- Narró Juan de la Rosa, empleado de una mueblería.

Con su bebé en brazos, relató que se hospedaron en el hotel Mira-Flores porque su casa, en el fraccionamiento santa Elena, quedó como

la Atlántida, pero ésta oculta por el río Carrizal.

Como él, otras familias terminaron durmiendo a los pies del Palacio de Gobierno, recostados entre jardineras y comiendo, sólo galletas, debajo del monumento de Vicente Guerrero.

Villahermosa, en poco tiempo, nos recordó aquellas postales de la antigua ciudad: con sus calles inundadas y con sus cayucos (embarcación) encontrándose en las esquinas.

-Esto parece una Venecia- Dijo una turista con mochila bajo el brazo; sacó su cámara y disparó.

A estas horas en la ciudad, los vehículos están devaluados; son más importantes las embarcaciones para el rescate de las familias -atrapadas en las azoteas de sus casas- que los automóviles.

Los damnificados no lo saben pero cada vez que les cuentan sus historias a los reporteros se van liberando de la presión.

En la avenida Paseo Tabasco, un puerto habilitando para la recepción de los desaparecidos en la colonia Gaviotas y en los Acachapam, los perjudicados por el desbordamiento de los ríos, sin importar que sean hombres, descienden de las embarcaciones llorando, con las voces temblorosas y con los pies inflamados.

 

Claudia Elena Fuente Magaña, una mujer campesina, estuvo 3 días sin comer, pensando en que moriría con sus hijos, pidiéndole a Dios una enésima oportunidad.

El río lo tuvo a sus pies –en Acachapam- en el primer día; a sus rodillas, en el segundo; a la cintura, en el tercero.

“Sólo pensábamos en salvar nuestras vidas, la de nuestros hijos porque es lo primordial”, balbuceó.

Pormenorizó que esta inundación supera la de 1999: “siempre nos acordamos de Dios, incluso yo creo en Cristo. Él es el único que puede detener este desastre porque él fue quien nos hizo”.

Así como ella, cientos de damnificados caminaron sin rumbo por los sitios no inundados de Villahermosa. Los albergues son insuficientes y los alimentos están escaseando.

“No sabemos adónde nos llevan, incluso mi esposo se quedó en la comunidad ayudando a muchas personas que están en el agua”, gritó a lo lejos una mujer descalza.

“Gracias a Dios por lo menos tenemos la satisfacción de estar en tierra firme. Ahora veremos qué nos depara de aquí para adelante”, le contestó alguien con los pies mojados, con su ropa a cuesta.

Alguien dijo, cuando se bajó de los cayucos, que pensó en morir, que vio serpientes, que no durmió.

Yolanda Magaña Contreras, otra más de las que contaron su historia, pidió la asistencia de los soldados para bajar a su madre discapacitada.

“Sentí que se moría entre el agua por su enfermedad de la columna, ella y yo nos enfermamos de los pies, los tenemos todos picoteados”.

¡Bájenla con cuidado! Recomendó. La señora Catalina Contreras, con todo y silla de ruedas, fue llevada a tierra firme.

No todos los afectados han querido salir de sus casas, temen que los ladrones, así como el río que les robó su tranquilidad, se lleven sus refrigeradores, televisores, “sus cosas”.

 

“No quieren salir de sus casas porque no quieren perder lo poco que tienen”, explicó Álvaro Hernández, un capitán de estas embarcaciones.

A él, le han conmovido los niños y los ancianos rescatados en estos dias: “los recorridos nos dicen que esto superó la tragedia”.

Otros salieron después de 4 días porque se les terminó la comida, no tienen dinero y porque ya no encuentran la salida a este caos.

“Llevo 150 pesos porque no hay nada más, aunque sea para comprar galletas, huevos, lo más necesario; una minsa para hacer tortillas”, dijo Javier Hernández.

Al decir que es la primera vez que una inundación lo tiene al borde del infarto, “porque el agua nos rodeó rapidito”, pidió al gobierno comida suficiente porque el dinero no alcanzará “para nada”.

La ciudad empezó a quedarse sola. No todos pudieron comenzar el éxodo rumbo a Veracruz, pero quienes sí pueden, unos 10 mil, este viernes le dijeron adiós a Tabasco, no sabemos por cuanto tiempo.

Los pobres se han inundado, los ricos también. Aún se ve, desde las embarcaciones, a quienes sí quieren dejar sus azoteas, a quienes no se han bañado, a quienes han vestido –en los ultimos 3 días- la misma ropa.

Los hoteles, los de la zona alta, están sin sus meseros. ¿Adónde? Se preguntaron los pocos huéspedes. Se fueron a buscar a sus familias, a recuperar sus pertenencias, a sumarse al millón de damnificados.

Una mujer dijo públicamente que necesita cambiarse de ropa interior. Pidió por celular, a unas amigas que no se inundaron, que le faciliten por lo menos una prenda.

Anoche, los tabasqueños continuaron caminando a las afueras de Tabasco, buscando un lugar seguro, un lugar en donde no se inunden otra vez.

Las islas de Nacajuca.

Cuando despertó el río estaba tocándole los pies. En cuestión de minutos, se inundó su casa y su comunidad. Se vio perdida.

 

Martha Álvarez, una mujer damnificada por el desbordamiento del río Samaria, durmió poco en la ultima semana.

El río, en la comunidad de El Zapote –en el municipio de Nacajuca- sepultó cultivos, vacas y el único camino con destino a la civilización.

“Estamos atrapados, aquí sólo podemos salir en cayuco (embarcación) pero está muy difícil por lo fuerte de la corriente”.

A Martha, confesó, le preocupa que el río continúe aislándolos de otras comunidades, que no cuenten con energía eléctrica, agua potable y suficiente comida para alimentar a sus hijos.

En el Zapote, aislado por el desbordamiento del río Samaria, viven unos 5 mil pescadores, campesinos y amas de casa.

Para no morir ahogados, edificaron viviendas de madera y láminas sobre lo que quedó de la carretera, “esa que nos unía” con la capital.

“Yo trabajaba en la tienda Chedraui y no he ido desde el pasado martes, avisé, pero no estoy segura de que haya conservado mi empleo; no puedo salir de aquí”.

Las comunidades de Nacajuca, un municipio con 60 mil habitantes, se inundaron 72 horas antes que Villahermosa.

A 10 días de que el Samaria empezó a meterse en las localidades rurales, algunos ya sintieron la comezón en la piel.

“Hay mucho mosquito, tenemos problemas con la picazón de la piel”, reprochó Martha.

A Nacajuca, municipio fronterizo con Villahermosa, no llegó el auxilio suficiente con alimentos y medicinas. Aquí se condena que el gobierno sólo quiere a los que viven en la ciudad, menos a los de “las rancherías”.

Micaela Contreras, damnificada en 1999 y en este 2007, pensó –este domingo- en el diciembre que vendrá.

-¿Será un fin de año difícil? -Será peor. La pasaremos endeudados.

 

Narró que cuando el río desbordó perdió su cosecha de chile, maíz, calabaza y el ventilador que compró en pagos: “si el agua hubiera subido arriba de nuestras cinturas, nos hubiéramos muerto”.

Si las mujeres de Nacajuca sintieron la pérdida de sus gallinas y de sus pollos, los hombres no pueden (aún) reponerse por sus vaquitas que fueron devoradas por el río.

“El ganado, el poco que quedó, se está muriendo, No hay pastura y alimento. De hecho, ya murió un chingo de ganado, como doscientas reses con esta inundación”, dijo Santiago Álvarez Ruiz, un campesino de El Zapote.

“El presidente municipal de Nacajuca nos prometió la ayuda pero todavía no lo ha mandado”.

En el Zapote, el cultivo de maíz reportó daños totales. Las mazorcas quedaron bajo el agua, se pudrieron.

“El maíz se perdió, perdí dos hectáreas, ahora que ya estaba lista la cosecha pero sólo saqué cinco sacos, con esto estamos haciendo el pozol y la tortilla, para tener algo en el estómago”.

Ante la escasez de comida, los nacajuqueños estuvieron cociendo frijol –con la poca leña seca que se guardó- debajo de las carpas instaladas para estos días de creciente.

“Estamos cociendo este fríjol, está algo duro pero algo tenemos que comer. Lleva dos horas en la leña. Esta leña es de la poquita que nos quedó, de la que guardamos en la losa de la casa; estuvimos 2 dias sin comer pero aguantamos”, relató Silvestre Peregrino.

Llegar a los límites de El Zapote, es necesario tomar una embarcación desde la comunidad de Arroyo, enclavada sobre la carretera que une a Nacajuca con Villahermosa.

Se emplean 180 minutos de viaje redondo por todo el río Samaria. Cuando el río descienda su nivel y la carretera sea reparada, el mismo viaje sólo durará 30 minutos.

En Arroyo, otra comunidad de Nacajuca, están por ampliar la casa de madera que construyeron sobre el camino.

Empezaron viviendo 10, por el desbordamiento del río Samaria, pero hoy suman 36 inquilinos sin enumerar a 7 niños, anunció Concepción Pérez García, un enésimo damnificado.

 

A Elena Olán Morales le obsequiaron, los pescadores, unas mojarras para alimentar a los habitantes de la casa prefabricada con láminas, madera y plástico, de esos que se usaron en las campañas electorales.

“Esta mojarra es para no morirnos de hambre porque tenemos ocho días viviendo sobre la carretera, sin agua, con muchos mosquitos, con estos niños que tienen granitos en la piel”, conversó.

Con el sartén en la mano, y sin descuidar a sus hijos que juegan con el agua, pidió que los alimentos prometidos por el gobierno les sean entregados con prontitud.

“Aquí vienen a dar cosas, los mismos vecinos de otras comunidades, porque el gobierno ni sus luces. Esto es más pior (sic) que en 1999. Yo perdí mi cama. Antes de la inundación debía la tele y la lavadora, ahora debo más”.

Para Rosa Elena Pérez, es necesario que la autoridad “vengan a vernos porque nosotros nos vamos siempre a lo hondo”.

A los niños, en este corredor acuático de Nacajuca, les están brotando granos en la piel. No dejan de rascarse por esta agua de río que ya comenzó a afectarlos, a incomodarlos.

“No están saliendo granos con esta agua de río y de lluvia, no sabemos cuánto está de contaminada”, alertó Cecilia Pérez, una de las cocineras en el tejado improvisado para la ocasión.

“Hasta nos da miedo que de tantas culebras que están saliendo una pique a los niños”.

En medio de la desesperanza, los ancianos tomaron la palabra para tranquilizar a los que conocen poco de inundación.

Dolores Pérez García, de 63 años, recordó que Nacajuca es el municipio que se inunda con una sola lluvia. Dio su cátedra frente a reporteros.

“Antes tres meses estábamos bajo el agua, se tenía de todo para esos días. Nos trepábamos al tapanco (un entarimado) con todo y animales, y con el tiempo iban pasando en cayucos (los del gobierno) viendo si estabamos vivos o no”,  conmemoró este fin de semana.

 

Ayer, algunas mujeres cocieron frijol e hicieron tortillas en la calle. Se les preguntó por el peje-lagarto asado, característico en esta región. Pocos supieron decirnos: “desde que perdió la grande ya no quiere venir por estos rumbos”.

La tinta indeleble

Los damnificados fueron marcados en los alrededores de la casa del gobernador de Tabasco.

Los sellaron en las últimas horas para no verlos, de nuevo, formados en las filas.

Algunos, de los que presuntamente perdieron todo en la inundación, estuvieron en la sintonía de empacar, no una, sino hasta cuatro despensas.

Los del gobierno, los de logística, detectaron que los rostros de los inundados -de los mojados- se repitieron como postales turísticas en las puertas de la quinta Grijalva. Un guardia corrió la voz.

Alertó que hombres y mujeres, otra vez, se estaban formando en la fila.

Se dio la orden: a marcarlos, a herrarlos.

Los voluntarios que repartieron las despensas o los víveres, que enviaron de otros estados de México, sacaron sus tintes indelebles marca IFE.

No tuvieron otra opción que mancharles el dedo pulgar como en las elecciones electorales.

En el rostro de muchos se vio el desacuerdo. Pensaron que el dedo manchado, sólo se los verían, pero hasta el 2009 cuando Tabasco celebrará sus elecciones intermedias.

Marcaron primero a los del municipio de Nacajuca, después a los del Centro y, por último, a los de Cunduacán.

“Yo trabajo en el gobierno y nos dijeron que tenemos que marcarlos”, confesó Patricia Cardona.

Estampó, en 4 horas de servicio, a 500 damnificados por el desbordamiento de los ríos Carrizal, Grijalva y Samaria.

“He marcado a mucha gente porque muchos quieren repetir y llevarse varias despensas, y todos tienen derechos, hasta los que están por llegar”, explicó.

 

A María López le incomodó que le macharan el dedo. No tuvo más alternativa que acceder al baño de tinta indeleble.

“Me lo mancharon todito”, dijo en voz alta.

Pero no dejó de sujetar enérgicamente el agua embotellada y los alimentos enlatados que recibió este miércoles.

Ayer, se cumplieron 72 horas de que los damnificados están formados en los alrededores de la quinta Grijalva.

Llegaron caminando, en combi y en aventones.

Llegaron con sus hijos, con sus abuelos, con sus sobrinos, con sus mascotas.

“Vienen de todo tipo: mujeres embarazadas, con niños, ancianitos, jóvenes, pobres, de clase media, maestros y hasta burócratas”, anticipó en la puerta un policía.

Los de la Armada de México estuvieron, como en los ultimos 10 días, garantizando el orden entre las miles de personas que son fuertes aspirantes a una despensa.

Lidiaron algunos empujones de los desesperados, de los que gritaron ya quiero mi botella de agua, y de los que buscaron los primeros lugares –de la fila- con un discapacitado como escudo.

Rocío Cruz, ama de casa en la comunidad de Ignacio Zaragoza, en el municipio de Cunduacán, dejó a su esposo debajo de un árbol a 300 metros del punto de reunión.

“Allá quedó en la sombra, yo haré la fila”, dijo exhausta.

Con 30 pesos en la mano, con los que seguramente regresó a su casa, pidió ser auxiliada por las autoridades.

“Hay mucha gente en el agua, no tienen  dinero para venir a buscar la ayuda, allá no nos ha llegado nada. Queremos que nos manden despensas, a eso vine”, reprochó.

Entre las rejas de la quinta Grijalva se comentó que después de 10 días, Andrés Granier, el gobernador, pudo dormir hasta las 7 de la mañana.

 

“El pobre se durmió tardísimo”, declaró uno de los voluntarios que ha vivido una semana en la casa oficial del gobernador.

Veinte veces se abrieron las puertas de esta casa. Los gobiernos estatales enviaron camiones pesados con víveres. Se vio, de lejos, pirámides de alimentos enlatados, de agua embotellada y productos para recién nacidos.

Un portavoz del gobernador informó que se repartieron, en los primeros 4 días, 200 mil despensas.

“2 mil cada 30 minutos”, cacareó alguien a los lejos.

Granier Melo se asomó para ver cómo estaban atendiendo a los damnificados.

Le gritaron, desde la fila, “químico, químico, químico”. Algunos analistas dijeron que los bonos del gobernador subieron por su contacto con los ciudadanos.

“Eres mi padre querido, no nos has desamparado”, le declamó una mujer al oído. Se inspiró.

Miguel Hernández González, de la colonia Gaviotas, al norte de la ciudad, dijo que jamás en su vida había recibido una despensa del gobierno.

“Aquí llegué desde las 5 de la mañana pero ya veo la puerta muy cerquita”.

Con su esposa y sus 2 hijos, en la fila, precisó que la despensa no resolverá el problema de fondo. Él es uno de cientos que perdieron su empleo.

“Ojalá y cuando llegue el Fonden nos den a los que perdimos todo”, recordó.

Aquí, entre este mar de damnificados, Bolivar López sujetó 3 despensas. Le pregunté el porqué.

“Dos para mis vecinas y una para mi”.

-¿Y en dónde están?

-Aquí estamos, dijeron Irma y Margarita Estrada, madre e hija.

-Somos ciegas; él nos trajo.

 

Narraron que el agua se metió por la cocina, que subió un metro y que Bolivar las salvó.

“Nos daba, ese día, el agua hasta el ombligo, Dios es grande porque nos mandó ayuda, nos mandó a un Bolivar”.

-¿Cómo se imaginan al gobernador?

-Imaginamos que el gobernador es muy bueno. No lo vemos pero lo sentimos.

 

 

(Publicado en los diarios  La Verdad del Sureste y Excélsior, y en la agencia española EFE. Octubre y Noviembre de 2007)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Continue reading » · Written on: 12-03-07 · 1 Comment »

One Response to “Las rostros de la inundación (I)”

  1. admin wrote:

    prueba de comentario de parte del pablin

    Diciembre 19th, 2007 at 1:40 pm

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