Las horas con Fuentes.
Kristian Antonio Cerino
Ciudad de México
Aparece entre la multitud guiñando el ojo y caminando con paso de adolescente. Con sus 80 años, sube con rapidez las escaleras con base en zancadas, se sienta y cruza los brazos.
En la sala improvisada con un arreglo floral, escanea con las pupilas a estudiantes y maestros convocados en el auditorio de la Universidad Iberoamericana y espera la presentación en donde recuerdan sus premios y sus novelas como Aura, La Muerte de Artemio Cruz, Los años con Laura Díaz, y la última, Adán en Edén. Pero el punto no es comentar sobre Literatura sino del futuro de la Educación Superior en México.
En la víspera había escuchado una entrevista que le realizó Pepe Cárdenas. El periodista lo cuestionó sobre la presencia del narcotráfico y la corrupción en el México violento.
El escritor le dijo, en la entrevista radiofónica, que la violencia mostrada en Adán en Edén, el libro que refleja el panorama convulsivo del País, era sólo un reducto de la ficción, una ficción que se ve superada -a la vuelta de la esquina- por la realidad.
Pepe le resumió brevemente su libro y su personaje Adán Gorozpe, protagonista que lee noticias y que actúa con base en ellas.
—Tú novela ¿es un mecanismo de denuncia?
—Creo que la novela es una obra de ficción con muchos elementos de realidad—acotó Carlos Fuentes, el premio Cervantes 1987.
El escritor mexicano abrevió que Adán en Edén es un ejercicio de la imaginación, una representación a través de las palabras.
—Traté de meterle un poco de humor de manera que acaba siendo una comedia dramática, en que hay mucho humor pero al mismo tiempo están todos los problemas y que nos preocupan tanto—dijo el pensador mexicano que se presentó, además, en estos días, en la feria del Palacio de Minería.
A horas de haber conversado con Pepe Cárdenas, Fuentes tose en varias ocasiones, busca una pluma entre el saco gris y se toca la quijada justo cuando en un proyector se muestran fotos suyas entre libros y una más compartiendo un panel literario con su amigo Gabriel García Márquez, el colombiano y autor de Cien años de Soledad. Esta última imagen es contemplada en un auditorio repleto, con hombres y mujeres en butacas y otros más sentados sobre la alfombra.
En la fotografía Márquez, el Gabo, levanta ambas manos y Fuentes, el niño Fuentes como lo llamaba José Donoso, se cubre los oídos con los dedos para no escuchar seguramente el estruendo. Ambos ríen pero no sabemos de qué o por qué. ¿Cuál sería el chiste?
Una voz de mujer anuncia que la conferencia la verán en otros países de América Latina y que ahora, ya con la moda, la difundirán a través del Twitter, la red social cuyo requisito es parlotear.
Fuentes sujeta una carpeta negra con sus apuntes. Los lee párrafo a párrafo pero antes, y por la tos repentina que lo fastidió durante la conferencia, pide agua con el micrófono abierto.
—Me hace falta agüita. Y como si el mismísimo Dios hablara, más de dos se ponen en pie para acercarle el agua.
En la Historia personal del Boom, José Donoso, el escritor chileno, refiere que de todos los escritores Latinoamericanos Fuentes era el más apuesto y el más asediado por un público femenino. Lo recordé leyendo a Donoso en clase del escritor mexicano Ignacio Padilla y más hoy que lo veo caminar y danzar con el cuerpo erguido y de cabellera blanca.
Alguien entre el público murmura sobre su “porte” y su “lucidez” y sobre algunos libros como La silla del Águila.
—¿Ya lo leíste? — se preguntan entre ellos.
—Nooo, sólo Aura, con ese me quedé.
Fuentes comienza conmemorando a José Vasconcelos como el pionero de la cruzada educativa en México. Vuelve a toser.
Pocos saben que Vasconcelos promovió, también, la creación de radio Educación.
—Unos regresaron vivos y otros sin nariz y orejas—señala Fuentes cuando cita a los primeros maestros enviados a las comunidades rurales.
Para Fuentes, autor de La región más Transparente, Vasconcelos eran un hombre insistente y más cuando decía que publicaba y distribuía libros de Homero, Cervantes y Dante, pensando en que un día los iletrados dejarían de serlo.
México, a decir del escritor, se educó gracias a la campaña de Vasconcelos porque sin educación no hay “conocimiento” e “información”.
—El reto de la educación es educar a los trabajadores agrícolas e industriales con la técnica del conocimiento.
Y así, pide a los asistentes, entre otras cosas, prepararse para ser los actores de la última revolución -la tecnológica en un mercado global- “porque nuestra historia no está concluida”.
Fuentes fue el primer intelectual en escribir sobre el Boom Latinoamericano con su obra La nueva novela hispanoamericana. De acuerdo con otros escritores, el mexicano -nacido en Panamá- es uno de los artífices del movimiento literario de habla hispana junto con Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, entre otros.
A 40 años de que él y los compañeros del boom vendieron un sin fin de ejemplares, hoy Fuentes continúa dedicado a la escritura pero más a dictar conferencias en universidades.
Este Fuentes, el anciano adolescente que sigue recorriendo ciudades, junta las manos, mira al público, recorre butacas encontrando conocidos y dice que no hablará más de las cosas que ya ha dicho.
Asegura que “sin humanismo” el ser humano no podría conocerse, criticando que en México -a diferencia de otros países- se destinan pocos recursos a la investigación científica.
—Nos ocupamos de la innovación pero nos olvidamos de la investigación.
Si bien dijo que no hablaría de Letras no puede ocultar su pasión al decir que en una escuela, el embrión de la educación, deben promoverse las competencias narrativas y el saber articular el discurso.
—¿Qué vamos a heredar? —se pregunta Fuentes.
—Consumo.
—Entretenimiento
—Banalidad.
Por ello, sugiere que los ciudadanos deben participar en las elecciones, exigir rendición de cuentas y pugnar porque se exista una autentica democracia. Y concluye.
Más tarda en sentarse que en ponerse en pie para responder las preguntas del auditorio. Una de ellas:
—¿Por qué la educación se pinta aburrida y tediosa?
—Los malos maestros— responde sin pensarlo, con rapidez, con balazos. Y el público no para de reír. Un público, en su mayoría, de maestros.
Otra pregunta más es sobre la educación espiritual, misma que el ex diplomático mexicano ataja:
—La persona que no descubre que tiene espíritu, es que no tiene madre—. El quiere reírse pero se contiene.
Le preguntan sobre la historia parcial de México y sus pasajes como la de los Niños Héroes. A ésta, Fuentes se limita a decir que le “parecen a toda madre”.
Sin embargo, en la finalización de la conferencia el escritor, agobiado por los cuestionamientos escritos en papel, sentencia que la historia de México debe “reescribirse” porque es “maniquea”.
Así, entre aplausos, y entre otros tantos que esperaron más en su discurso, abandona el auditorio de la Ibero, en Santa Fe, y deja a decenas de lectores en espera de una fotografía, una entrevista y la posible firma de uno de sus libros:
—Y yo que compré Aura en 79 pesos.
