Lo veo que me toma de las manos.
Kristian Cerino
Paraíso, Tabasco.
Lo único que no pueden superar estas mujeres es la ausencia de sus esposos.
A 7 meses que murieron asfixiados en una red de agua potable, en el estado de México, sus vidas cambiaron ante la necesidad.
En un principio fue soportar el dolor de sus muertes y hoy el saber que el panorama económico se agudiza. A raíz del forzoso adiós de los buzos que fallecieron en el sistema de agua potable Cutzamala, ya son padres y madres para sus hijos, unos hijos que no dejan recordar al Jefe de la familia durante la hora de la comida o cuando están por ir a dormir… y es ahí cuando reinician el llanto.
Dicen que la economía empieza a preocuparles porque cuando sus esposos murieron sólo las indemnizaron con una cantidad, que según ellas, es insuficiente para lo caro que resulta vivir.
Así lo consideró Rebeca Martínez Domínguez, esposa de Cayetano Córdova Madrigal, uno de los buzos tabasqueños que hace 28 semanas regresó a su casa, no por su voluntad sino envuelto en una sábana y metido en un ataúd “deteriorado”.
En la comunidad costera de Guano Solo, en el municipio de Paraíso, la viuda del buzo se vio obligada a usar la sala de su casa para improvisar una pequeña tienda; vende productos básicos y verduras para generar recursos. La idea es no gastarse el dinero de la indemnización porque ya le queda poco, casi la mitad la empleó en los gastos funerarios.
-La vida ahora es difícil, tan difícil que mi hijo mayor se salió de la prepa para trabajar- dijo la señora Martínez.
José Alfredo, su hijo de 17 años, abandonó sus estudios de preparatoria no por los malos resultados en las calificaciones, sino porque comprendió que él debía cubrir el vacío que dejó su padre. Es decir, ser el hombre de la casa.
-Hoy no está aquí, se fue a trabajar en una compañía porque el mismo me dijo que me ayudaría con los gastos; no se lo pedí pero él lo decidió así.
Los otros hijos de Rebeca, 5 en total, estudian la Secundaria y la Primaria en Guano Solo, esta comunidad cuyo patio es el mar del Golfo de México.
En su comunidad rural, a 105 kilómetros de Villahermosa, la vida es difícil, sólo se vive de la pesca y en estos tiempos ya no es negocio. Además, lo apartado que está el sitio obliga a que cientos de habitantes emigren a otras ciudades del sur de México y de la Unión Americana. Un día así lo hizo Cayetano Córdova. Primero estuvo en ciudad del Carmen, Campeche, y años después, vivió en Trinidad y Tobago, un país ubicado en el Caribe.
-¿Qué hacía en esa isla?
-Era buzo profesional, hacía descensos y le pagaban muy bien. Nos extrañaba tanto que casi todos los días nos hablaba por teléfono.
Rebeca se casó desde los 16 años con Cayetano. Cuando supo por las noticias que él había muerto, recordó los años que vivieron de felicidad acompañados de sus hijos.
-¿Cuánto le dieron de indemnización la empresa que contrató a su esposo?
-Me dieron a la mano 170 mil pesos, de ese dinero se pagaron deudas y se pagaron los gastos funerarios. Ya queda poco.
Otro porcentaje lo usó para la tienda, para cubrir los gastos médicos de sus hijos y pagar algunas cosas que debían.
Así como Cayetano Córdova otros 3 buzos más murieron asfixiados en la red Cutzamala, obra que era realizada, en el 2008, por la Compañía de Servicios de Inspección de Tuberías (PPIC, por sus siglas en inglés), con sede en Estados Unidos y Canadá.
En algún momento las autoridades determinaron que sus muertes obedeció a “exceso de presión” en la tubería.
-¿Considera justa la indemnización?
-A veces la gente piensa que es mucho, pero cuando surgen las necesidades te vas quedando sin nada. Lo único que me preocupa es que nunca nos dieron recibo, ni copia de lo que firmamos cuando no las dieron. Y como les dije a ellos (a los representantes de la empresa), la vida de mi esposo no tiene precio.
-¿Y la pidieron?
-Pedimos copia pero no nos las dieron, y el dinero que recibimos fue a la mano.
De lo único que se sorprendió fue de que su esposo Cayetano cotizaba en el Seguro Social, y que “gracias a esto”, la pensionaron con 2 mil pesos mensuales.
A la señora Martínez le inquieta la educación de sus hijos y cómo los aconsejará en la medida que vayan creciendo.
-Lo he soñado, lo veo que me toma de las manos y me dice que me quiere. Y me recuerda a los niños.
Y de las cosas que más coraje le ha dado es cuando el presidente Calderón se refirió a los muertos del Cutzamala sin darle la importancia.
-Dijo que murieron 4 personas, pero nunca supo ni siquiera sus nombres, cómo quedaron las viudas, sus hijos, si se iban a morir de hambre, que sé yo.
En la costa de Paraíso, un municipio con 40 mil habitantes, algunos pescadores recuerdan a Cayetano como el mejor buzo de la región, como el amigo, como el hermano.
Pero quiénes no lo olvidan son sus hijos, el de 17, 15, 13, 12 y 10 años.
-Mi papá no ha muerto, aquí está- Dice señalando su corazón Miguel Enrique, uno de los hijos de Cayetano, el buzo viajero que murió un 14 de noviembre de 2008, lejos de su tierra y de su mar.
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En el municipio de Comalcalco, la esposa de Manolo Díaz Alejandro, aún no se recupera de la pérdida de su pareja, del otro buzo que murió asfixiado en el estado de México.
Deyanira Chablé, ama de casa que vive en la comunidad rural de Cocohital, ve –en sueños- que él regresa, que pregunta por ella y por sus hijos.
Así como Rebeca Martínez, así también la señora Chablé recibió la indemnización, un dinero que poco a poco se va gastando.
Y lo dice con monosílabos porque ya no quiere recordar aquello que le daña “el alma” y su “corazón”.
