Siempre el otoño del sureste
Flor de Liz Pérez Morales.
Villahermosa, Tabasco.
Cuando nos tragó el agua
El mundo sigue girando, y sin embargo puedo contar que en un tiempo se detuvo un momento en Tabasco para mirarnos; para saber que la vida no encuentra diferencias entre un par de lágrimas y un río, al fin y al cabo todo se confunde, somos como dice la poesía tabasqueña más agua que tierra.
Hoy he visto a este pueblo en la desventura y el desamparo, lo he visto con los ojos del dolor, con el pesar de la desgracia.
Por momentos los ojos se detienen para fijarse en el brazo del soldado que carga el niño, ¿no sé de quienes son?, creo que son dos cuerpos que buscan abrigo en el consuelo.
“El dolor es lento, carcome lentamente, como el agua que atraviesa poco a poco las paredes, fluye, rompe el dique… llena el espacio, todo parece lánguido, y sin embargo no da tiempo de nada; se colmó todo, los segundos se convirtieron en nada. El acoso del agua es paulatino y sin embargo el ataque es rápido. Se llena el patio, el cuarto, la casa, la colonia, la ciudad… finalmente todo es un solo río. Tabasco en más agua que tierra, como nuestro cuerpo que alberga lágrimas”
“¿Dónde está mi hermano? No veo a mi mamá, no encuentro mi perro ¿Dejo mi mochila?… Oigo los gritos… me asusta el agua, no es la misma que me enlodó los pies, es otra, es más grande… es el río que se desbordó…estoy en la lancha… sigue lloviendo, ésto no para… alguien me abraza pero yo sigo llorado, no entiendo nada”.
“¡Que el agua no entre al Centro de la ciudad!, ¡ya llegó a Valle Marino!, ¡cuiden el hospital Juan Graham!, ¡ya evacuaron el Seguro Social! ¡Llenen los costales de arena! ¿Cuántos van? No lo sé, cuatro camiones… ¿Qué queda?, La voces se confunden, yo solo veo al pueblo en el desconsuelo.”
La vida pide ayuda… somos tres y vamos al centro de Villahermosa. Nos quedamos en
la UJAT, camino descalza porque la corriente de agua de Valle Marino es fuerte y al cruzarla perdí el guarache. Acomodamos las sillas para el albergue… el calor me sofoca… sudo y quiero agua… me da pena pedir, hay otros que la necesitan. Se colocan los letreros para orientar a la gente que quiera ir al baño. Ahí mismo veo a los soldados, llegan los helicópteros y bajan los enfermos. Los camiones militares están saliendo para ir a otros rumbos… ya llegaron los primero refugiados…
Comienza a llover nuevamente, ¡Cuantos niños¡ Lo miro a él … sus ojos están llorosos, el pantalón mojado y lleva en la mano una bolsa de plástico, no sé que carga ahí pero la cuida. La madre lo mete en el albergue, se sienta en el piso frío y mira llover por la puerta. No hay nada… solo se acurruca para mirar la lluvia.
Empiezan a llegar otros, en segundos se llenan los cuatro salones de abajo, “cada uno albergará a 30 personas… póngalos por familia… hay que darles café… pero no hay vaso y las tiendas están cerradas…la rectora está pidiendo apoyo a través de la tele”
Debemos regresar, oí el rumor de que el paso de Valle Marino va creciendo, sino nos apresuramos no vamos a cruzar… somos tres Javier, Alfredo y yo… nos vamos juntos, no podemos quedarnos acá, nuestras casas están del otro lado. La mujer y su hija nos oyen y dicen que se van con nosotros, que ellas van a Tamulté de las Sabana, la madre vino a ver a su hijo al hospital y no lo encontró; el miedo las llevó a
la Universidad; la mujer mayor confía que todo será bueno para su hijo. “Me voy con ustedes” dice ella, “así nos vamos acompañados”, ahora somos cinco. Es mejor que caminar solos en medio del tiempo que se paró aquí.
El recorrido es demente, los autos de la avenida se atropellan, buscan salidas a cualquier lugar seco, otros buscan el agua que venden en la embotelladora Cristal, la fila es interminable, Alfredo se detiene para ayudar a las mujeres a cargar la llanta, ayuda un tramo y seguimos rumbo a Valle Marino, solo pasan camiones grandes porque la corriente ya no deja pasar los chicos. Son muchos los rostros que atraviesan la avenida Universidad, vemos caras conocidas, muchos salen de las tiendas en compras de pánico, los camiones cargados de gente que pasan de aquel lado para acá, buscan el refugio, nosotros lo buscamos de aquel lado.
La corriente ha crecido. Me quito las sandalias que me prestaron, son número seis y yo calzo el dos, decido que es mejor cruzar descalza, tengo mayor firmeza. El agua llega a la cintura y por momentos nos arrastra; a las brigadas se les ocurrió poner cuerdas para agarrarse, son muchos los que atraviesan el agua caminando o en camión… ¡Cuidado con la culebra ahí anda en el agua! La voz es fuerte ¡No hace nada! Hay un pedazo muy hondo, pasa un camión- pipa enorme y se ven las escaleras a su costado, Alfredo grita que nos colguemos de ahí, lo hacemos, solo subimos Alfredo, Javier y yo, logramos cruzar 20 metros y saltamos. Caminamos diez metros y vemos otra camioneta, pedimos un “aventón”, el vehiculo se para, lleva a otro pasajero… ¿Y la señora y su hija?… las perdimos. No supe sus nombres solo nos acompañamos un momento, la desgracia es mejor acompañada. Somos… Predicaron estado de emergencia para Tabasco, el frente frío número cuatro sería fuerte. Sábado 27 octubre en la noche el primer chipi- chipi. Domingo 28 lluvia fuerte. Lunes 29 más lluvia fuerte. Martes 30 sigue lloviendo fuerte. Miércoles 31 llueve, llueve y llueve. Jueves 1 de noviembre todo sigue igual…
…después el viernes dos de noviembre salimos de Villahermosa, rumbo a Comalcalco. Regresamos. Volvimos el sábado por algo muy sencillo, porque los amigos y la familia reunieron comida, ropa y otros enseres que debíamos entregar a las gentes dañadas.
El recorrido es lento. Los albergues están en todos lados, los autos atiborran las gasolineras, los solidarios piden apoyo para los centros de acopio, los pequeños comercios están vacíos de mercancías. No hay mucha tierra seca donde el ganado pueda pastar, solo un margen como de un metro a la orilla de la carretera para arrinconarse, instintivamente los animales también quieren ser sobrevivientes. El paisaje es solo un recuento del agua y su inclemencia.
¿Quienes son?
Por fin supimos algo de Enrique y su familia, ellos viven en la ranchería Cacao, Jalapa, Tabasco. Su casa se inundó, todos se refugiaron en el hogar de su mamá.
Cuenta Enrique que él se fue con otros voluntarios en una lancha a rescatar a otras personas atrapadas en sus casas en la ranchería Torno Largo. En el recorrido de salvamento vio a una mujer llorando en el agua… ella arrastraba dos cuerpos de niños ahogados.
Oficialmente dicen la autoridades que no hay muchos muertos, tal vez dos ¿Dónde están los desaparecidos?… Cuando el agua baje y se vaya, también se llevará sus nombres. ¡Maldita sean las cifras! Estos dos cuerpos no se contabilizan ahí y el dolor es el mismo.
Nada es mejor que la culpa
No lo sé. Se lo platicaron al Presidente de
la República en las tres reuniones de evaluación que de emergencia hicieron los secretarios de estado en Tabasco. Dicen que fueron los ríos que rebasaron su capacidad, que los dos brazos que rodean la ciudad de Villahermosa, el Grijalva y el Carrizal hicieron de las suyas, que llovió tanto que no soportamos un torrencial histórico , que la marea tan alta del Golfo de México no permitió el desahogo de los ríos, que la presa estaba a toda su capacidad, que los diques de la ciudad de Villahermosa no soportaron, que el calentamiento global, que los recursos de los gobiernos anteriores no fueron invertidos, que… que… que… ¿Los más de un millón de damnificados tienen la culpa?
Los 3, 225.
En lugar de Tabasco, como en muchos en estas tierras…
“Ya llevaron anoche una camioneta llena, Pancho donó muchos productos de su tienda, dicen que fue el que más dio”, y sin embargo no más de lo que brindó el anciano, cuenta mi sobrina, que fue al centro de acopio a dejar un frasco de café instantáneo, un bote de leche y una lata de atún y dijo “hay que ayudar”.
Cuando andábamos en la colecta se acercó don Mario, y nos comentó en voz baja, casi en secreto: “si se organizan ustedes y todas mis nueras e hijas yo doy una res para que hagan comida y la lleven a los centros de acopio”. En cuestión de horas se acordó un ejército de mujeres y donadores anónimos que al día siguiente desfilaban por el pueblo para hacer la encomienda, hojas to, maíz, manteca, etc. La tarea: 3, 225 tamalitos. Los rumores eran fuertes, el municipio de Jalapa había entregado siete mil tamales y Paraíso entregó diez mil. ¡Pobre res… tuvo mal fin!…su carne sirvió para una buena causa y sus vísceras… sus vísceras sirvieron para hacer un caldo que estimuló el paladar de las cocineras.
Yo no cociné, sólo lo estoy contando. Finalmente es lo único que sé hacer.
