El que enciende la luz.

Kristian Antonio Cerino

Villahermosa, Tabasco.

Álvaro Solís no sólo es un poeta, es un cronista de la poesía que a manera de brocha pinta pulcramente las hojas.

No posee una estrella en la frente, menos una resplandor visible o un rayo que le salga por las orejas.

Lo contrario: el color de su poesía se descubre cuando se rema mar adentro en su Cantalao, entre el golpeteo de las olas, en las orillas oceánicas, en el aire delirante y entre los fantasmas.

Cantalao es el canto del mar en un viaje por 83 páginas, una mezcla entre la crónica y la poesía en un barco sin retorno.

Alguna vez Carlos Pellicer Cámara, el poeta de América escribió su Deseo:  Trópico, para qué me diste las manos llenas de color. Todo lo que yo toque se llenará de sol

Después de leer el poemario Cantalao puedo decir que Álvaro Solís nació con una acuarela escondida entre el brazo y que manchó paredes, en el inicio, en su búsqueda poética.

Esas manchas, con el tiempo, es esta poesía que nos llega por contagio, que nos conduce a un mar eterno, a un navegar sin brújula, a un orgasmo permanente.

¿Hasta dónde puede un cronista iluminar el mundo que retrata? Se ha preguntado Julio Villanueva Chang, periodista peruano.

¿Hasta dónde puede un poeta como Solís iluminar el mundo que retrata? A veces creemos que la mejor poesía está fuera de nuestro alcance.

Solisón, conocido así en la comunidad literaria, nos dibujó el mundo poético en Cantalao, construido en unos 8 años para la perpetuidad.

Retrató el oficio del cronista-poético que edifica metáforas, que encapsula el tiempo y que nos pide que la tomemos a cucharadas.

Solís es aquel que enciende la luz de la poesía.

 

Sentía allí que un narrador, en el fondo, no es más que eso: el que apaga la luz. Un cronista, por el contrario, es el que la enciende.

Cantalao es un puño de arena y mar con emisiones constantes de color. No es lo narrado, es lo encendido, esa lámpara de inagotable aceite.

Cantalao es una embarcación de interpretaciones, es el oleaje extremo que nos arrastra sin medida a la poesía, a la lluvia, al trueno. Cantalao es como Dios cuando nos dicen que está en todas partes.

¿Será que Solís nos pedirá algún día que Cantalao sea la oración de las mañanas?

Vicente Huidobro, el poeta chileno, dijo:

Heme aquí entre mares desiertosSolo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche.  Heme aquí en una torre de frío Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera Luminosa y desatada como los rios de montaña¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Creo que uno de los principales conjuros de leer Cantalao será el de no soltarlo, el de proclamarlo día y noche, el de repetir sus himnos frente al mar y por qué no frente al río.

Solís es la pluma o ese cincel en sus manos que marca con cruces de fuego el atlas blanco de los cuerpos, como lo escribió en el siglo 20 Pablo Neruda, el primero en decir que Cantalao existiría.

Bien lo expresó Waldo Leyva, el poeta cubano, que: la intensidad del amor No está en el fuego con que te poseo Sino en el susto con que llego a tu piel.

Lo mismo pasa con Cantalao, su poesía se va metiendo, echando raíces y  comiendo huesos.

Cantalao es una crónica poética sobre el mar, es todo lo que se mueve, es el tiempo que ya pasó, que vendrá después… es ayer, es hoy, es siempre. Es aire, es sol, es esa pelea entre dos cuerpos por los callejones oscuros.

* * *

Las líneas poéticas de Solís, incluidas en Cantalao, son ese equipaje de mano, esas crónicas de viaje que se disfrutan por aire y tierra, por mar y río, por cielo e infierno.

 

El poeta tabasqueño nos dice en su Cantalao que el en el fondo del mar el agua pesa como una tumba.

Además, que Al inicio fue el canto de la muerte, el invierno sin la nieve, ruina bajo la tierra, sin forma aún, la sombra luchaba,desprotegida luz negra.

Solís se define como aquel marino cuya vida es intensa:

Digo que algo marino vive dentro. También en la partida algo se incendia debajo de la piel.

Y en su papel de profeta aclara que:

Si anuncias la muerte, llévame a tu lado. Si anuncias la palabra, dímela en secreto.

Para Solís en el mar cada ola es distinta, pero el agua es la misma.

El mar desgasta a quien lo mira, lo devora, lo lleva al abismo donde no brilla la luz ni el tiempo pasa, donde la muerte contrasta con la vida y el silencio reina sobre la oscuridad.

Xavier Villaurrutia nos repitió hasta el cansancio que la muerte es tibia y silenciosa. Solís nos machaca que:

El mar es una tumba (y que) El mar es la tumba de Dios sin epitafio.

Apresa el mar como sinónimo de muerte pero una muerte que nos lleva a la otra orilla, a la otra poesía, a la que se canta, a la que nos permite vivir gallardamente, morir a la misma altura.

Arrojé al mar todos mis muertos, que vivan allí no sé cuántos metros bajo el agua, que les salgan escamasaletas furibundas y dientes asesinos, que pasen allí las horas muertas bajo el susurro de las olas, entre cantos de ballenas y delfines que un día hace tiempo decidieron abandonar la tierra.

El filósofo y casi maestro en Literatura Mexicana sostiene que Cantalao no es, no existe. Nos explica que Cantalao nació muerto:

Con el arco de la tarde cubriendo tus espadas, con tu añejo resoplar en convulsivas escamas robadas al aire, con tus casas sin gente, con tu mar sin palabras, espero despiertes algún día de tu largo sueño.

 

Todo se hace en silencio, como se hace la luz dentro un ojo, escribió Jaime Sabines, el poeta chiapaneco. En Cantalao la luz se hizo desde los faros, desde el abismo, desde el silencio:

Soñé que partías en barco Soñé con grandes olas destruyendo todo alrededor.

Soñé con Cantalao lleno de gente, con casas iluminadas de tan vivas y niños corriendo, corriendo.

Cantalao: dibujaré en el sueño un puerto sin sombras.

El poeta Solisón vivió muchos en Jalpa de Méndez, un municipio cercano a la costa pero también rodeado por ríos y lagunas. De ahí surgieron sus fragmentos fluviales:

Largo, lo que se dice hondo, hondo, lo que se dice turbio, amargo es el río que será necesario cruzar cuando anochezca.

Es indudable, este poeta ha abierto con crónicas su poemario, lo condujo y lo concluyó. Habló del tiempo y de la vida y de los recuerdos.

Busco en el agua los recuerdos extraviados en la infancia, pero es profundo este río                                       y qué cortos son mis brazos.

La muerte se dice de muchas maneras. Digamos río, por ejemplo, y al instante aparece un ahogado.

Debes remar sin prisa, la otra orilla te esperará de todas formas.

Qué oscura es el agua del abismo. Que clara te parecerá entonces la hora última.

El autor de otros poemarios como Solisón,  También soy un fantasma y Los días y sus designios incluye en sus crónicas poéticas a su abuela en una creación titulada

LA LLUVIA INCENCIA LAS PALABRAS DE LOS MUERTOS DE MI CASA.

Mi abuela se ha ido a otra parte y ha olvidado su cuerpo en la camajunto al tanque de oxigeno.

Mi abuela se ha ido hacia otra parte-no sé adónde- me mira desde otra orilla y desde otra orilla me pregunta: ¿Cuál es su nombre, señor?

 

Y en NI TAN HONDO, uno de sus últimos poemas, nos reitera su condición firme de poeta, un hombre que  no necesita más que de las palabras y de sus pasos para alcanzar la gloria viva de la poesía. Algo así como: lo que diga el poeta.

Parado en medio del río el agua me llega hasta los hombros. ¿Para qué cruzar en barcas, si han bastado siempre nuestros pasos?

Reitero a propósito de un fragmento que encontré en Cantalao y en donde establezco la relación entre la poesía y la crónica:

Llena tus calles con los colores del mar, que Cantalao es cronos, es la crónica viviente que emanó hace algunos años en el imaginario de Solís. Es como decir:

¡El mar, el mar!Dentro de mí lo siento. Ya sólo de pensar En él, tan mío, Tiene un sabor de sal mi pensamiento.

Aquí está el día, puede enrolarse quien esté enamorado, quien lo esté de Cantalao.

 

(Presentación del poemario Cantalao en el marco del encuentro de escritores celebrado en Villahermosa, Tabasco. Enero 2008)

Continue reading » · Rating: · Written on: 03-02-08 · No Comments »

Siempre el otoño del sureste

Flor de Liz Pérez Morales.

Villahermosa, Tabasco.

 

Cuando nos tragó el agua

 

El mundo sigue girando, y sin embargo puedo contar que en un tiempo  se detuvo un momento en Tabasco para mirarnos; para saber que la vida  no encuentra diferencias entre un par de lágrimas y  un río,  al fin y al cabo todo se confunde, somos como dice la poesía tabasqueña más agua que tierra.

 

Hoy he visto a este pueblo en la desventura y el desamparo, lo he visto con los ojos del dolor,  con el pesar de la desgracia.

 

Por momentos los ojos se detienen  para fijarse en el brazo del soldado que carga el niño, ¿no sé de quienes son?, creo que son dos cuerpos que buscan  abrigo en el consuelo.

 

“El dolor es lento, carcome lentamente, como el agua que atraviesa poco a poco las paredes,  fluye, rompe el dique… llena el espacio, todo parece  lánguido,  y sin embargo no da tiempo de nada; se colmó todo, los segundos se convirtieron en nada. El acoso del agua es paulatino y sin embargo el ataque es rápido. Se llena el patio, el cuarto, la casa, la colonia, la ciudad… finalmente todo es un solo río. Tabasco en más agua que tierra, como nuestro cuerpo que alberga lágrimas”

 

“¿Dónde está mi hermano? No veo a mi mamá, no encuentro mi perro ¿Dejo mi mochila?… Oigo los gritos… me asusta el agua, no es la misma que me enlodó los pies, es otra, es más grande… es el río que se desbordó…estoy en la lancha… sigue lloviendo, ésto no para… alguien  me abraza pero yo sigo llorado, no entiendo nada”.

 

“¡Que el agua no  entre al Centro de la ciudad!, ¡ya llegó a Valle Marino!, ¡cuiden el hospital Juan Graham!, ¡ya evacuaron el Seguro Social! ¡Llenen los costales de arena! ¿Cuántos van? No lo sé, cuatro camiones… ¿Qué queda?, La voces se confunden, yo solo veo al pueblo en el desconsuelo.”

 

La vida pide ayuda… somos tres y vamos al centro de Villahermosa. Nos quedamos en

la UJAT, camino descalza porque la corriente de agua de Valle Marino es fuerte y al cruzarla  perdí el guarache.  Acomodamos las sillas para el albergue… el calor me sofoca… sudo y quiero agua… me da pena pedir, hay otros que la necesitan. Se colocan los letreros para orientar a la gente que quiera ir al baño. Ahí mismo veo a los soldados, llegan los helicópteros y bajan los enfermos. Los camiones militares están saliendo para ir a otros rumbos… ya llegaron los primero refugiados…

Comienza a llover nuevamente, ¡Cuantos niños¡ Lo miro a él … sus ojos están llorosos, el pantalón mojado y lleva en la mano una bolsa de plástico, no sé que carga ahí pero la cuida. La madre lo mete en el albergue, se sienta en el piso frío y mira llover por la puerta. No hay nada… solo se acurruca para mirar la lluvia.

 

Empiezan a llegar otros, en segundos se llenan los cuatro salones de abajo, “cada uno albergará a 30 personas… póngalos por familia… hay que darles café… pero no hay vaso y las tiendas están cerradas…la  rectora está pidiendo apoyo a través de la tele”

 

Debemos regresar, oí el rumor de que el paso de Valle Marino va creciendo, sino  nos apresuramos no vamos a cruzar… somos tres Javier, Alfredo y yo… nos vamos juntos, no podemos quedarnos acá, nuestras casas están del otro lado.  La mujer y su hija nos oyen y dicen que se van con nosotros, que ellas van a Tamulté de las Sabana, la madre vino a ver a su hijo al hospital  y no lo encontró;  el miedo las llevó a

la Universidad; la mujer mayor confía que todo será bueno para su hijo. “Me voy con ustedes” dice ella, “así nos vamos acompañados”, ahora somos cinco. Es mejor que caminar solos en medio del tiempo que se paró aquí.

El recorrido es demente, los autos de la avenida se atropellan,  buscan salidas a cualquier lugar seco, otros buscan el agua que venden en la embotelladora  Cristal, la fila es interminable, Alfredo se detiene para ayudar a las mujeres a cargar la llanta, ayuda un tramo y seguimos rumbo a Valle Marino, solo pasan camiones grandes porque la corriente ya no deja pasar los chicos. Son muchos los rostros que atraviesan la avenida Universidad, vemos caras conocidas, muchos salen de las tiendas en compras de pánico, los camiones cargados de gente que pasan de aquel lado para acá, buscan el refugio, nosotros lo buscamos de aquel lado.

 

La corriente ha crecido. Me quito las sandalias que me prestaron, son número seis y yo calzo el dos, decido que es mejor  cruzar descalza, tengo mayor firmeza. El agua llega a la cintura y  por momentos nos arrastra; a las brigadas se les ocurrió poner cuerdas para agarrarse, son muchos los que atraviesan el agua caminando o en camión… ¡Cuidado con la culebra ahí anda en el agua! La voz es fuerte ¡No hace nada! Hay un pedazo muy hondo, pasa un camión- pipa enorme y se ven las escaleras a su costado, Alfredo grita que nos colguemos de ahí, lo hacemos, solo subimos Alfredo, Javier y yo, logramos cruzar 20 metros y  saltamos.  Caminamos diez metros y vemos otra camioneta, pedimos un “aventón”, el vehiculo se para, lleva a otro pasajero… ¿Y la señora y su hija?…  las perdimos. No supe sus nombres solo nos acompañamos un momento, la desgracia es mejor acompañada. Somos… Predicaron estado de emergencia para Tabasco, el frente frío  número cuatro sería fuerte. Sábado 27 octubre en la noche el primer chipi- chipi. Domingo 28 lluvia fuerte. Lunes 29 más lluvia fuerte. Martes 30 sigue lloviendo fuerte. Miércoles 31 llueve, llueve y llueve. Jueves 1 de noviembre todo sigue igual…

 

…después el viernes dos de noviembre salimos de Villahermosa, rumbo a Comalcalco.  Regresamos. Volvimos  el sábado por algo muy sencillo, porque los amigos y la familia reunieron comida, ropa y otros enseres que  debíamos entregar a las gentes dañadas.

 

El recorrido es lento.  Los albergues están en todos lados, los autos atiborran las gasolineras, los solidarios piden apoyo para los centros de acopio, los pequeños comercios están vacíos de mercancías. No hay mucha tierra seca donde el ganado pueda pastar, solo un margen como de un metro a la orilla de la carretera para arrinconarse,  instintivamente los animales también quieren ser sobrevivientes.  El  paisaje es solo un recuento del agua y su inclemencia.

 

¿Quienes son?

 

Por fin supimos algo de Enrique y su familia, ellos viven en la ranchería Cacao, Jalapa, Tabasco. Su casa se inundó, todos se refugiaron en el hogar de su mamá.

 

Cuenta Enrique que  él se fue con otros voluntarios en una lancha  a rescatar a otras personas atrapadas en sus casas en la ranchería Torno Largo. En el recorrido de salvamento vio  a una mujer llorando en el agua… ella arrastraba dos cuerpos de niños ahogados.

 

Oficialmente dicen la autoridades que no hay muchos  muertos, tal vez dos ¿Dónde están los desaparecidos?… Cuando el agua baje y se vaya, también se llevará sus nombres. ¡Maldita sean las cifras! Estos dos cuerpos no se contabilizan ahí y el dolor es el mismo.

 

Nada es mejor que la culpa

 

No lo sé. Se lo platicaron al Presidente de

la República en las tres reuniones de evaluación que  de emergencia hicieron los secretarios de estado en Tabasco.  Dicen que fueron los ríos que rebasaron su capacidad,  que los dos brazos que rodean la ciudad de Villahermosa,  el Grijalva y el Carrizal hicieron de las suyas, que llovió tanto que no soportamos un torrencial histórico , que la marea tan alta del Golfo de México no permitió el desahogo de los ríos, que la presa estaba a toda su capacidad, que los diques de la ciudad  de Villahermosa no soportaron, que el calentamiento global, que los recursos de los gobiernos anteriores no fueron invertidos, que… que… que… ¿Los más de un  millón de damnificados tienen la culpa?

Los 3, 225.

 

En lugar de Tabasco, como en muchos en estas tierras…

 

“Ya llevaron anoche una camioneta llena, Pancho donó muchos productos de su tienda, dicen que fue el que más dio”, y sin embargo no más de lo que brindó el anciano,  cuenta mi sobrina,  que fue al centro de acopio a dejar un frasco de café instantáneo, un bote de leche y una lata de atún y dijo “hay que ayudar”.

 

Cuando andábamos en la colecta se acercó don Mario, y nos comentó en voz baja, casi en secreto: “si se organizan ustedes y todas mis nueras e hijas  yo doy una res para que hagan comida y  la lleven a los centros de acopio”. En cuestión de horas se acordó un ejército de mujeres y donadores anónimos que al día siguiente desfilaban por el pueblo para hacer la encomienda,  hojas to, maíz, manteca, etc. La tarea: 3, 225 tamalitos. Los rumores eran fuertes, el municipio de Jalapa había entregado siete mil  tamales y Paraíso entregó  diez mil.  ¡Pobre res… tuvo mal fin!…su carne sirvió para una buena causa y sus vísceras… sus vísceras sirvieron para hacer un caldo que estimuló el paladar de las cocineras.

 

Yo no cociné, sólo lo estoy contando. Finalmente es lo único que sé hacer.

 

 

 

 

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Unidad

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