Kristian Antonio Cerino
Ciudad de México.
Miguel Ángel Bastenier es un analista, crítico y constructor de ideas sobre el Periodismo no sólo en su natal España sino en América Latina.
Convencido que para hacer un periodismo de calidad es necesario nombrar a las cosas por sus nombres y señalar los errores de la prensa escrita, no escatima esfuerzo en emplear su crítica ácida y radical frente a editores, reporteros y propietarios de periódicos.
Aunque duerme bien, al periodista español le inquietan las fallas en el lenguaje, en los contenidos y en las decisiones editoriales de las empresas periodísticas.
Polémico hasta las médulas, devorador del papel e incesante fumador, el articulista de El País argumenta -en una conversación que sostiene con periodistas del programa Prensa y Democracia de la Universidad Iberoamericana- que el Periodismo no es un “saber académico”, sino una constante que se practica mientras nos dure la vida.
Después de ofrecer conferencias, entrevistas y asumirse como cantante por verse en la necesidad de autografiar un centenar de su último libro “Cómo se escribe un periódico, el chip colonial y los diarios en América Latina”, se ha dado el tiempo para decir en corto y con palabras risibles lo patético que son las portadas de los diarios sin el uso de artículos y con pifias como ésta: Come Juan.
“Cómo que Come Juan, Juan Come, coño”.
Las respuestas agrias de Bastenier, el maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano con sede en Cartagena de Indias en Colombia, provocan carcajadas entre los periodistas.
“No habéis leído más que periódicos de mierda porque no hacen periódicos sobre personas para personas”.
Los periodistas becarios que realizan una estancia en la ciudad de México le preguntaron al polémico de Bastenier sobre el papel de las agencias de noticias y su manera de presentar los sucesos del día. Para él, los despachos informativos cumplen con la misión del diarismo, pero muchas veces los periódicos abusan de los textos generados por las agencias.
Sin agenda propia, difícilmente los periódicos de América Latina podrán ser diferentes. A manera de salvador, defiende sólo a la prensa no de Argentina, sino de Buenos Aires. Son de las pocas que valen la pena.
Con el cigarro entre las manos y siempre cerca de un cenicero, dice no estar en contra de la prensa digital pero sí cree que el reinado del papel está viviendo sus últimos años.
Pese al rechazo de algunos periodistas que consideran al español “un gran determinista” por su forma peculiar de imponer sus teorías, él declara categóricamente que la prensa mexicana y la de América Latina está pasando inadvertida y es ignorada por los lectores que han dejado de comprar los diarios y están frecuentando diversos sitios web. Así lo dijo en la presentación de su libro, así también lo reitera en el encuentro con periodistas mexicanos en un hotel de la capital y así lo sostendrá en el último aliento de su vida.
Si en Europa los diarios “están a la baja” en ventas, en América Latina sólo se compran 30 ejemplares por cada mil personas.
En México, asegura sin poner a salvo a un solo periódico, su prensa obedece a intereses de grupo y practican un Periodismo sustentado en las declaraciones y en el oficialismo. Pareciera que en México y en América Latina no pasa nada y todo está en orden.
Bastenier, un accionista del diario El País en donde escribe artículos sobre asuntos internacionales, es reacio, obstinado y le gusta poner el dedo en la llaga para que la herida siga doliendo. Dice que él, por los años que lleva de vida, no verá la caída del papel, pero si de una cosa ya está seguro, es que las versiones digitales de los diarios se están comiendo como pirañas a las ediciones impresas.
Y aspirando la colilla del cigarro como si fuera la última del mundo, sentencia: lo más grave es la desnaturalización de la profesión periodística.
—¿Y qué pasa con el periodista?
—El papel del periodista está siendo barrenado.
—¿Cuál es la razón?
—Todo mundo (en esta era digital) son consumidores y productores de información.
La prensa está obligada a buscar una redefinición en el arranque del siglo XXI y sólo podrá aspirar a ello manteniendo distancia de los gobernantes, promoviendo la democracia de los medios y pensar que es urgente cambiar de mentalidad en el quehacer periodístico.
Si Gabriel García Márquez, escritor y periodista colombiano, sufre como un perro por la pésima calidad de los periódicos, Bastenier enloquece todos los días cuando lee las portadas y las notas principales de los diarios europeos, pero sobre todo las de América Latina, un seguimiento que les da continuamente al escribir, en El País, temas internacionales
En el 2008, el Gabo le dijo a Juan Cedillo, periodista de la agencia española EFE, que al ver los periódicos “cada mañana, es un desastre”, por lo que sufre “como un perro”.
Para García Márquez, premio nobel de Literatura, escribir sale del alma porque los otros medios son aparatos, máquinas.
El autor de Cien años de Soledad encuentra escasos reportajes o notas que puedan ser consideradas “joyas”, pero que cuando las halla piensa, “quién será este tipo”.
Cedillo, un periodista regiomontano y autor del libro Los nazis en México, escribió para la agencia las respuestas que le dio Márquez en el VI Seminario Internacional sobre la búsqueda de la calidad periodística, que se realizó en la ciudad de Monterrey.
“Siempre ha sucedido así, pero antes había la ventaja de que el periódico era más difícil de hacer y las máquinas nunca funcionaban bien y daba tiempo para pensar un poquito”, le dijo el fabulador colombiano a Cedillo.
Estas frases, pero con otros matices, son acuñadas por Bastenier y vertidas con una descarga de picante:
“El gobierno con su publicidad ponen de rodilla a los periódicos”. Así de claro.
En Europa, por ejemplo, sus gobiernos sólo destinan un 5 por ciento del presupuesto a la publicidad en los periódicos. En América Latina sucede lo contrario. De ahí que en esta zona del mundo se investigue muy escasamente qué hacen los gobernantes con el dinero público, el que se recauda a través de los impuestos.
A Bastenier le agrada preguntarse y responderse cuáles son los caminos que deben seguir los periodistas. En las charlas, el obsesivo de la crítica, casi siempre, impone sus ideas. Por la red se leen diferentes entrevistas que ha concedido a periódicos colombianos o argentinos. Y en todas dispara sin piedad.
—¿Qué es hacer nuevos periódicos? Se pregunta en México.
—Es hacer algo distinto, hacer otros periódicos.
El periodista ibérico ha publicado otros libros de Periodismo como El blanco móvil, Israel-Palestina la casa de la guerra, entre otros.
Una de las preguntas planteadas por los periodistas del programa Prensa y Democracia (Prende) es cómo lograr que en México y en América Latina los empresarios de los medios comprendan la necesidad de hacer un periodismo de calidad.
Ante esta pregunta, el periodista de pelo cano y hombre inquieto que no deja de mover las manos, se limita a decir que el periodismo lo hacen los reporteros, los que caminan, los que investigan y los que esquivan todos los riesgos del oficio.
Rodeado por periodistas de Chiapas, Distrito Federal, Durango, Jalisco, Nuevo León, Oaxaca, Sinaloa, Sonora y Tabasco, califica de deplorable y grave que la clase media en América Latina no se ha sumado a la compra de los diarios, simplemente porque aún no se escribe para ella, aseveraciones que igualmente las compartió en otros momentos con más periodistas en la ciudad de México: cuando alguien piensa en un hacer un periódico está pensando en los aristócratas.
Sin pelos en la lengua, sin miramientos, sin rodeos, resume que existen una serie de lacras que están aniquilando a la prensa: el oficialismo, la declaracionitis y la sobrepolitización
Las ruedas de prensa, en la experiencia de Bastenier, sólo se realizan para dar a conocer una versión favorable, no para dar noticias. Entonces, así dejamos que nos escriban el periódico los de afuera.
Una de las críticas, además de que los diarios Latinoamericanos han olvidado consolidarse como internacionales y lo compensan todo con una sección llamada mundo, es que los acontecimientos que suceden en esta parte del mundo no son escritos por sus propios periodistas, sino por los que llegan en calidad de enviados y desde Europa. Recordó cuando el golpe de estado en Honduras, episodio narrado por los de afuera, no así por los de adentro.
Sobre el chip colonial, uno de los puntos desarrollados en su libro Cómo se escribe un periódico, lamenta que el lenguaje de la colonia se mantiene, aquel que a la letra dice: el que manda y el que obedece.
En la página 230 de la obra bajo el sello de la Fnpi y del Fce, Bastenier señala que el chip colonial, ese colonialismo del texto, revela una incapacidad del periodista para imponer un lenguaje propio, ante el que se impone el de su interlocutor.
“Todo los remite a la Colonia: inconsistencia en la utilización de fórmulas obligadas como las de tiempo, circunstancia y lugar; falta de precisión a la hora de establecer cuándo se produjeron las cosas; descomposición de titulares, privándoles de su carácter unitario e independiente; confusión de tiempos verbales; lo que llamo “prologuismo ubicuo”; y un aura general de buenismo. La mies es mucha y los operarios son pocos”.
Una de las preguntas obligadas durante la plática con los periodistas fue saber su opinión sobre las nuevas medidas de los diarios que han adoptado esta modalidad bautizada multimedia: Estoy en contra de la explotación, dice con determinación.
Sobre los periódicos gratuitos que circulan en las grandes ciudades considera que estos son estropajos y les vaticina una vida corta:
No hacemos periódicos útiles y nos están tomando el pelo con las 3 D, Drama, Dinero y Diversión. Y hay que hacer historias pero bien hechas.
La preocupación de hoy, además de las inexistentes ventas de los diarios o su caída descomunal, es que hay problema de legitimidad en los medios porque los ven como factores de poder. Por ello, el reto de hoy es mirar hacia los nuevos públicos y mantener la credibilidad.
Después de escuchar a Bastenier en una charla que duró 3 horas y donde le dio fin a la cajetilla de cigarros, el español se puso en pie, estiró los brazos y dijo un último improperio sobre la prensa de América Latina. El momento quedó atrapado en una fotografía allá por los rumbos de Polanco.