Veracruz

Kristian Antonio Cerino.

Puerto de Veracruz, Veracruz.

 

Íbamos a Cancuncito cuando el bote chocó con un islote de arena. Uno de los pasajeros, un chilango pelón, gritó: “dale que aún no llegamos”. Pero el lanchero haciendo una negación se detuvo por completo.

 

“Ya llegamos a Cancuncito”, dijo en voz alta. Ante una tripulación sorprendida el lanchero se vio en la necesidad de explicarnos lo pequeño de Cancuncito.

 

-No mames, esto es Cancuncito-, reprochó el chilango.

 

-Sí, si es Cancuncito. Por la mañana se ve, pero por las noches desaparece, por eso de la marea. Esto es sólo un hijo de Cancún.

 

Parados en Cancuncito, unas cien personas cubrieron los 400 metros cuadrados. Era periodo vacacional, un día caótico. A lo lejos, sobre todo los tripulantes, nunca hubieran imaginado que llegarían a Cancuncito así de golpe.

 

Cuando abordaron la lancha un guía les explicó que Cancuncito era una zona pequeña (más no diminuta) y que disfrutarían de buena paz para bañarse (más no de un enjambre de turistas).

 

Según los expertos este islote se formó en los alrededores del puerto de Veracruz después de que un ciclón impactó a finales del siglo pasado.

 

“Desde entonces la gente viene a bañarse; aquí se pueden ver los erizos y algunos peces”, explicó el costeño, nombre que la tripulación le dio al lanchero.

 

Antes de la sorpresa, los turistas le dieron la vuelta a la isla de Sacrificios. Vieron el barco de cemento, el faro y una fila de peces llenos de colores como las crónicas periodísticas.

 

A pesar de las recomendaciones de no lanzar galletas al mar, uno plativolo fue necesario para que los peces asomaran sus ojitos.

 

-Allá están- Se asombró la mayoría.

 

* * *

 

Cuando llegué al puerto de Veracruz entristecí. Le dije a mis hijos: “algún día veremos un Tabasco con miles de turistas caminando por sus calles”.

 

Ese día hasta encontré una serie de libros sobre Periodismo. Compré un ejemplar sobre técnicas para la Entrevista y uno más sobre Periodismo de Investigación.

 

Caminamos muchas horas desde el Puerto hasta Boca del Río. A ellos, a mis hijos, les expliqué que algún día Tabasco podría aspirar a mejorar su infraestructura turística siempre y cuando los gobiernos olviden que poseen almas de ladrones.

 

En Mandinga, por ejemplo, escuchamos 3 canciones que ningún paseante puede y debe ignorar. Desde luego, cada pieza musical, acompañadas de voces, guitarras y arpas, eran por un costo de 50 pesos.

 

-¿Les parece bien 50 pesos? Les propuse a los músicos jarochos.

 

-No patrón, 50 por cada una. Ya no alcanza. Son 150.

 

Y como paseando no se siente el gasto, les pagué con gusto luego de haber escuchado Veracruz –de Agustín Lara-, El Querreque y la Bamba.

 

Así, después del pago, volví a escuchar decenas de veces las mismas 3 canciones. Otros más pagaron por ellas. Aún recuerdo, ya desde Tabasco, algunos fragmentos que entoné en medio de lagunas y del viento que sopló fuerte aquellos días de abril de 2008.

 

* * *

…Bamba, bamba… Bamba, bamba… Yo no soy marinero, yo no soy marinero, por ti seré, por ti seré…

 

* * *

Aquí en Veracruz cualquier persona conversa sobre su historia. Lo hacen hasta con los ojos cerrados. Cuentan con detalles los sucesos históricos de san Juan de Ulúa, esta fortaleza y sede, en algún momento, del gobierno mexicano.

 

Lo mismo un taxista puede conmemorar la llegada de los piratas y la vida de La Malinche, como el narrar los triunfos de los Tiburones rojos de Veracruz y los del Águila, uno de los equipos de la Liga Mexicana de Béisbol

 

-Nadie como Luis Pirata Fuentes- Dijo un taxista golpeando fuertemente el tablero del Tsuru.

 

Los hombres y las mujeres veracruzanas son insistentes, algo que los tabasqueños definen como terquedad. En el puerto se levantan temprano y se duermen muy tarde. Si se le puede llamar “dormir” a tres o cuatro horas.

 

Mi hija me pregunta si la vida del puerto de Veracruz se podría comparar la actividad portuaria de Dos Bocas, este rincón del municipio tabasqueño de Paraíso. Le digo que no. Debo decir que mi hija lo preguntó con sus palabras, a su manera de ver las cosas. Ella conoció Dos Bocas a principio de año.

 

-Hay más barquitos (le dije mientras los veíamos llegar) aquí en Veracruz que en Tabasco. En Tabasco hay más cayucos que embarcaciones de gran calado.

 

Pero siempre es bueno quedarnos, si jugamos el papel de ilusos, con lo que nos dice y nos jura el papá-gobierno de Tabasco: “Somos un estado con muchas oportunidades en donde sí se detona la economía vía carreteras, puertos y aeropuertos”.

 

Dicho esto los niños siguieron viendo los barcos, las aves, conocieron el museo de cera y jugaron en el puerto de los Niños. Mientras ellos tomaron unas espadas y un timón entendí que algún día, no muy lejano, tendré qué explicarles a fondo la verdad de Tabasco. Una tierra que mana ambición y riqueza para unos cuantos, y pobreza para otros miles.

 

 

* * *

 

Veracruz, rinconcito
donde hacen su nido
las olas del mar.
Veracruz, rinconcito
de patria que sabe sufrir y cantar.
Veracruz, son tus noches
diluvio de estrellas, palmera y mujer.
Veracruz, vibra en mi ser,
algún día hasta tus playas lejanas
tendré que volver…

 

 

Continue reading » · Rating: · Written on: 06-17-08 · No Comments »